Gracias por vuestra presencia y bienvenidos todos al encuentro de las hadas y los elfos... Espero llevaros de la mano al maravilloso mundo de los cuentos infantiles, y con la opción de poder personalizar uno inédito para la persona que me indiquéis. Nos vemos por aqui !!!
Podéis seguirme en Twitter¡¡
26 octubre, 2013
A la carga de nuevo ¡¡¡¡
Después de un largo letargo, vuelvo a la carga .... esperaré vuestras peticiones gustosamente. Gracias a todos/as.
01 marzo, 2012
ENTRE LUCES Y SOMBRAS
(…) Cuando empecé a recorrer aquel viejo camino lo hice de manera absolutamente consciente de que sentiría el mismo miedo y angustia, pero con la confianza que me proporcionaba la experiencia de haberlo vivido antes. No más segura, pero si más fuerte. Esta vez había decidido empezar mi camino de noche, con la poca valentía y ya sin lágrimas en los ojos. Cada uno de mis pasos, se confundían con ese tétrico olor a humedad entre la niebla que creía cegarme y confundirme, cuando en realidad lo único que hacia era indicarme con más claridad el camino. No esperaba nada de nadie, me tenía a mi misma y era cuanto necesitaba para enfrentarme a mis propios demonios, aquellos que me habían asaltado durante miles de noches. Pero esta vez iba yo en su búsqueda, sin titubear, sin que mi amor propio se viese alterado, sin dejarme pisar por nada ni nadie. Mis largas uñas atravesaban las telarañas que querían cubrirme por momentos, las rompían sin piedad, porque en esta ocasión ya no me iba ha dejar manipular. Tras mas de dos horas caminando despacio mi respiración se había vuelto mucho más pausada, el aire que penetraba en mis pulmones era más limpio, y me proporcionaba más fuerza para continuar mi camino, que antes estaba minado. Durante unos minutos me recosté en un árbol, y me limité a escuchar el sonido del viento y dejar que me helase la cara, y una sonrisa se dibujo en mi rostro. Si, estaba sola pero me sentía tremendamente acompañada, debía ser que me había dado cuenta de que no dependía de nadie, tan solo de mi misma para avanzar en aquel camino que me llevaba a mi misma. El aroma de la maleza se incrustó en mi ropa y en mi piel, como limpiándome de tanta maldad que había tenido que soportar. Continué mi travesía en aquel incierto camino, sabiendo que de antemano que notado lo que parece bueno lo es, ni tampoco todo lo que parece malo ha de serlo. Cuando se tiene clara la verdad, lo demás son fabulas que tiene que inventarse la gente que no tiene agallas para reconocer su propias limitaciones, e intentan envenenar con ello a los demás, para así no sentirse solos ante su propia desgracia… la de no ser personas.
La luna me observaba mientras mis pies ahora descalzos sentían tras muchos años la libertad bajo sus pies, y me zarandeaba susurrándome que los corazones limpios viven más y mejor que los podridos…
20 enero, 2012
LA VALENTIA 4ª Y ÚLTIMA PARTE
FELIZ FINDE A TODOS/AS ¡¡
No era consciente del tiempo que llevaba así, pero a mi se me parecía una eternidad. Escuche el lejano sonido de una puerta corredera, la cual me anunciaba que alguien entraba o salía, el no saber con certeza cual de las dos cosas era me mataba lentamente.
La dulce voz de mi niña me devolvió toda la vida que se estaba escapando a cada minuto a solas en aquella jaula en la que se había convertido mi cuerpo.
-Mamá, ya te puedes despertar, te traigo una sorpresa.- Gritaba.
La sensación de impotencia era tan intensa que me maldecía a mi misma sin parar. Escuché como las sabanas de la cama se movían y un pequeño bulto se acurrucaba a mi lado. Necesitaba abrazar a mi pequeña de manera urgente.
-Hola cariño-
¡Era la voz de Manuel! Dios mío había llegado a pensar que estaba muerto oque todo había sido un sueño y el no estaba ni siquiera en mi vida. Su voz prosiguió:
-Creí que no me dejarían venir a verte nunca, pero como siempre la espera ha valido la pena. Tuvimos un accidente, las placas de hielo descontrolaron el coche y caímos por un barranco. He tenido que hacer uso de todo el valor que tenía para venir hasta aquí y contarte lo que a mi me ha sucedido. Salí despedido por la ventana y cuando caí lo hice entre unas duras rocas y matorrales muy punzantes. Las rocas destrozaron una de mis piernas, me han operado tres veces… Los matorrales han destrozado mi cara. Tengo dos cortes profundos y uno de ellos cruza mi cara por completo.
Suspiré, pensando en lo que le pudo haber sucedido, en que esas heridas no eran tan importantes.
-Tengo una cojera un tanto importante, me han dicho que quizás en unos ocho o diez meses pueda volver a andar sin bastón e incluso a volver a conducir, las marcas de la cara son más complicadas, dejarán una huella que seguramente no se pueda borrar.
-¡Mamá, Manuel tiene unas cicatrices chulisimas en la pierna, Pablito dice que parece un robot!- La forma en que mi hija tenía siempre el don de darle a las peores cosas la vuelta para que pareciesen buenas siempre me asombraba.- Despiértate y ya verás mamá.
Saber que estaban allí me emocionaba, mi corazón se partía escuchando la voz de mi pequeña pidiéndome que me despertase. Note como las lágrimas caían por mis sienes. Siiiiiiiiiiii, las notaba. Un pitido agudo empezó a sonar mientras me notaba algo incomodísimo en la garganta. La voz de una mujer me indicó que en un momento me lo habría quitado. Era un respirador. Tenía la boca asombrosamente seca y de mi garganta no salía un solo sonido, pero mis parpados empezaron a abrirse lentamente, los rayos de luz eran como intensos látigos que quemaban mis retinas. Todo estaba borroso, pero poco a poco mi visión se fue aclarando y ya notaba la mano de mi niña entre las mías. Me abrazó con tanta fuerza que casi me ahoga, Marisol vino y se la llevó prometiéndole que volverían en cuanto se tomasen un chocolate.
Volví la cabeza y miré a Manuel, y el intenso azul de sus ojos hizo que ni tan siquiera reparase en las cicatrices de su cara, era el hombre de quien me había enamora, seguía siéndolo con cicatrices o sin ellas. No quería que me besase, mis labios estaban secos y tenia una horrorosa sensación en el paladar, aun así lo hice, llenándomelos de miel. Mi garganta seguía sin poder emitir un solo sonido. Entro un médico por la puerta, me hicieron un montón de pruebas y después se sentó al lado de Manuel.
-Bien, quizás en unas horas no pueda hablar, es normal. Durante dos días seguiremos alimentándole por vena, y después si todo sigue igual de bien, podremos empezar con una dieta blanda. Quizás esté un poco desorientada pero tras casi dos meses en coma es lo que se espera. Cuando tengamos el resultado de las pruebas volveremos y hablaremos de los resultados. Es una alegría poder ver el color de sus ojos, señorita.- Se giró hacia Manuel- Usted no se quede demasiado, debe descansar, esos puntos no deben moverse un milímetro o tendremos que volver a quirófano. Supe entonces que la vida nos había dado una nueva oportunidad y que debíamos aprovecharla al máximo. Una vez fuera del hospital y con nuestros hijos de la mano, supimos que daba igual lo que pasase en nuestra vida, que todo cuanto necesitábamos lo llevábamos agarrado de la mano y dentro de nuestros corazones. Todo lo demás era una gran fachada de hipocresía con la que la gente que tiene su vida vacía intenta llenar sus carencias, esas carencias que no se compran con dinero.
Besos ¡¡¡
19 enero, 2012
CARTA DE AMOR
HOY OS DEJO MI CARTA DE PARTICIPACIÓN EN EL CONCURSO DE CARTAS DE AMOR DE http://astarielle-miblog.blogspot.com/ ES UN POCO ATÍPICA, PERO ESPERO QUE OS GUSTE. BESOS¡¡
Para ti, mi corazón:
Creo que te debía una carta de disculpa por haber dejado que te tratasen tan mal, tan solo por el hecho de que por estar en mi cuerpo eres sensible y a veces débil. Nunca debí permitir que te dieses por completo, que gastases todas tus energías y que contigo arrastrases a autoestima, una gran amiga tuya que suele mantenerte en pie cuando parece que vas a caer. Se que no fui justa contigo cuando me enamoré de la persona inadecuada y te pedí que te entregases por completo a ese amor, se cuanto has llorado y sufrido, por eso entiendo que hoy en día estés aun reconstruyéndote.
Espero que sepas que a través de esta carta estoy intentando culpabilizarme de haber visto impasiblemente como te hacían pedazos y por alguna razón yo no salía ni en tu defensa ni en la de autoestima. Si, yo también he aprendido que tú, amigo corazón, eres lo más importante, por eso espero que sepas perdonar que aun notando a cada paso como te hacían añicos no saliese en tu defensa y que de una manera absolutamente estúpida te retuviese muy a tu pesar cuando a tu amiga autoestima la pateaban en el suelo. Quizás eso no lo pueda olvidar nunca.
Mediante este pequeño escrito, te hago la promesa silenciosa de que jamás volveré a dejar que eso ocurra, que cuidaré cada una de las heridas de autoestima y acabará siendo tan fuerte y alegre como lo fue siempre, y que a partir de ahora dejaré que tu profesor Don Sentido Común intervenga más en mis sentimientos. Igualmente, tú que me conoces bien, sabes que ese paso es muy difícil para mí, que no puedo dejar de pensar que algún día llegará el hombre que nos haga felices a todos, y por eso te pido que no te cierres en banda, aunque ahora rechaces la idea, quizás cuando autoestima se recupere las cosas cambien.
Sigo a tu lado, corazón, siento tu sufrimiento… pero también nos noto cada día más fuertes gracias a autoestima. Pronto entre todos podremos volver a sentir sin miedo, y seremos felices.
Voy a cuidaros, porque en el fondo sois mi pequeño tesoro y quiero que hoy por hoy gastemos esas energías de recuperación juntos, amando solo a quien nos quiera. No lo dudéis saldremos adelante y seremos cada día más fuertes.
Os amo.
16 enero, 2012
LA VALENTÍA ( 3ª PARTE )
Tras la marcha de las dos adolescentes y los dos pequeños con ellas para dar una vuelta por la urbanización, el griterío cesó y dejó paso a la tranquilidad de los adultos. La conversación era muy amena aunque yo estaba un poco absorta, hacía demasiado que no tenía una reunión familiar.
-Como somos unos cuantos ya, y entiendo que las mujeres odien fregar, hemos pensado, Marisol y yo, en que podíamos invitaros a comer todos fuera, hemos hecho la reserva al venir, espero que no os moleste.
-Estaremos encantados de compartir una increíble velada, da igual donde- dijo Manuel.
La conversación siguió su camino, las risas se abrían paso entre las miradas cómplices de Pablo y su mujer y como no de las mías propias con el amor de mi vida. Sin casi darnos cuenta ya habían pasado más de dos horas y casi eran las dos y cuarto del mediodía. El restaurante había sido reservado para las dos y media. Llegaron los niños y las adolescentes. Como no, los pequeños querían ir con las adolescentes, así que se apiñaron en el Mazda. Mi chico y yo nos dirigimos a su coche tras arreglarnos un poco. Hacía muchísimo frío y una intensa niebla lo cubría todo, su espesura era tal, que se volvía tétrica por momentos. Íbamos despacio, calmados, charlando entre nosotros. En apenas un segundo sonó un enorme golpe seco en la parte trasera del coche, las placas de hielo de la carretera hicieron el resto, recuerdo vagamente el sonido del cortafríos al romperse, y el coche dando vueltas sin parar. La última parte que veo nítida en mi mente es aquella en la que Manuel sale disparado a través del parabrisas, después una oscuridad que aun no deja de acompañarme. Estoy caliente, escucho voces a mi alrededor… pero ¿Por qué demonios no los veo si tengo los ojos abiertos?...
El terror se está apoderando poco a poco de mí, me estoy dando cuenta de que no siento ningún miembro de mi cuerpo. Quiero chillar, pero mis labios permanecen sellados. Escucho un montón de voces desconocidas, pero aun no se si hablan de mi.
-Pasarla inmediatamente a la UCI- Escuchaba decir a un hombre con voz muy autoritaria y tal vez y un poco agobiada. En la lejanía escuchaba como lloraba mi pequeña, y la cariñosa voz de Marisol calmándola. Entre en una especie de estado de histeria, atrapada en mi cuerpo, sin poder expresarme de ningún modo. Intentaba una y otra vez mover las piernas y las manos, pero no daba resultado, tan solo escuchaba como cerca mía dos enfermeras y un enfermero hablaban de mí, una conversación que calificaría de espantosa.
-Esta chica esta muy mal, colócale tú el otro catéter.- Decía una de ellas.
-Espero que pase las primeras veinticuatro horas, sino no se va ha poder hacer nada- Replicó el chico.
-Vamos no seáis cenizos, aun es muy joven, saldrá de esta… vigilar la respiración asistida y que durante las próximas cuarenta y ocho horas no la visite nadie.-dijo una nueva voz.
Cuando se dio esta conversación ya hacía un rato que mi mente había recordado el accidente y por lo tanto di por hecho que estaría en un hospital. Empecé a desesperarme, a querer ver a mi niña, a saber que le había pasado a Manuel… pero mis labios seguían sellados y mis músculos muertos…
12 enero, 2012
LA VALENTÍA ( 2ª PARTE)
Tras apartar mi mejilla de su pecho, le pedí que agachase la cabeza para besarlo lentamente. Ahora su saliva me sabía a honradez, a respeto y sobre todo a hombría, ese tipo de hombría que sabe darle su lugar justo a la sensibilidad. Si, el muchacho que había conseguido conquistado años atrás por su innato atractivo, su físico impoluto y su carisma como persona, había evolucionado de manera que ahora era todo eso, combinado a la perfección con una enorme dosis de sensatez y bondad. Sus enormes manos rodearon mi cintura desplazándome suavemente hacia la pared de la entrada, al pie de las escaleras que subían a las habitaciones. Supe en aquel mismo instante que esa noche haríamos el amor, con todo lo que ello representaba, y que no sería tan solo una sesión de sexo. Mi intuición no me falló, y cuando nuestros cuerpos se encontrados desnudos y abrazados tras una larga serie de caricias y confidencias, mis manos volvieron a enlazar las suyas, con esa certeza inexplicable que a veces tan solo nos brinda la vida por azar. Su presencia en mi vida, había traído algo que nadie ha podido jamás pagar con dinero… la tranquilidad de ser amada. Era imposible no dejarse arrastrar por todo cuanto me hacía sentir, por sus risas, por su manera despreocupada de ver la vida, por la libertad que me hacía sentir a su lado. Cuando nuestros cuerpos sucumbieron ante el sudor y los jadeos, poco a poco el sueño se fue apoderando de él, y una vez se hubo dormido profundamente, me deslicé silenciosamente hasta el salón con mi diario en la mano, recuerdo mi primera frase: “Soy feliz, y esa felicidad ha matado los viejos fantasmas que me atemorizaban”. Si, seguí escribiendo durante largo rato, sabiendo que a pesar del frío, del temblor de mis manos, del cansancio de mi cuerpo tras ser amoldado por sus dedos, podría llenar mil páginas con tan solo imaginarme sus movimientos, su manera de mirarme, de abrazarme sin que se lo pidiese. Cuando regresé a la cama, apenas se movió levemente para abrazarme por la cintura de espaldas. Recordé a nuestros hijos jugando, la tranquilidad de su hermana, el coraje de no tener que esconder verdades evidentes… y si, decididamente, eso lo había convertido en un verdadero hombre a mis ojos. Su osadía era tan natural que no quedaba duda de que su vida era transparente, tan transparente como sus ojos. Y supe que era un nuevo comienzo para los dos, aunque en realidad éramos cuatro ya. Nos despertó un mensaje en su móvil sobre las once de la mañana, su hermana estaba impaciente por subir con sus hijas y presentarme a su marido. Nos dimos una ducha rápida y nos vestimos ante su inminente llegada. Cuando ví el brillo en los ojos de mi pequeña, supe que la felicidad era exactamente eso, el poder compartir veladas maravillosas con gente que te quiera de verdad. De repente mi solitaria casa, que hasta hacía poco era sombría y triste por todo el daño que en ella se me había producido estaba radiante, como si una gran bola de luz le diese vida propia…
11 enero, 2012
LA VALENTÍA (1ª PARTE)
Cuando sonó el timbre, tuve que respirar varias veces antes de abrir, pero mi pequeña ya se me había adelantado y mirando por el cristal adyacente a la puerta gritaba sin cesar: “¡Mamá es Manuel, y trae a un niño con él! mi extrañeza aun creció más y decidí mira antes de abrir. Era verdad, en la puerta estaba Manuel y un niño de la edad más o menos de mi propia hija, el pequeño era su propio reflejo. Abrí desconcertada la puerta, pero él no se inmutaba y su sonrisa no había perdido el encanto de la última vez. No supimos como saludarnos, así que simplemente agarró mi mano.
-Te presento a mi hijo Pablo.
-Hola Pablo- le saludé agachándome.- ¿Me das un beso?
El pequeño titubeó pero finalmente acabo dándomelo. Mi pequeña ya estaba en brazos de Manuel, mientras el le ofrecía su cara para que lo besase. Finalmente fuimos a por unos cuantos juguetes a la parte de arriba de la casa y los dos niños empezaron a jugar, sus risas llenaban toda la estancia de una esencia especial, con ese olor característico de hogar que siempre me había gustado tanto.
Yo y Manuel, sentados en el sofá, apenas habíamos separado nuestros dedos entrelazados.
-¿Has traído a tu hijo?
-Por supuesto, jamás podría separar a las dos cosas que más amo en este mundo, sería injusto que si formas parte de mi vida no la hagas de la suya.
Quizás fue el detalle más bonito que jamás hubiese esperado, el más íntimo y personal. Era de esos detalles que hablar por si mismos, de manera alta y clara. Disfrutamos de la visión de nuestros hijos jugando, y durante un instante noté como mis ojos se llenaban de estúpidas lágrimas de ilusión, de sentirme de verdad valorada. Apenas habían pasado un par de horas cuando el timbre volvió a sonar, miré a través del cristal y ante mi estaba una chica que jamás había visto hasta aquel momento, o por lo menos no la recordaba. Pensando que sería una vecina abrí la puerta.
-Hola, soy la hermana de Manuel, espero no molestaros.
Me quedé atónita, mis manos y mi cara se helaron. Hacía un horroroso frío aquella noche de Enero, y la hice pasar inmediatamente, avisando al hombre que me hacía tan feliz de la visita inesperada. Su cara se llenó de sorpresa, pero no dejó de sonreír un solo instante. Tras las presentaciones, hice pasar e invité a sentarse a Marisol. La verdad es que la situación se había vuelto muy tensa para mí, pero ellos parecían estar mucho más relajada. Ofrecí algo de beber a la nueva invitada y ella rechazó la invitación, a los pocos minutos estaba en el suelo jugando con los niños, y a pesar de no haber sido presentada oficialmente a mi hija, sabía como se llamaba perfectamente. Miré a los ojos a mi hombre y pensé que jamás había conocido a nadie tan transparente como él en toda mi vida.
-¿Cómo es que has venido hasta aquí Marisol?- Le preguntó su hermano.
-Buenos, ya sabes que mis chicas ya no son unas niñas, saliendo esta noche de marcha y avisándome de que no volverían a dormir y esta noche Pablo trabaja, es mi marido- me aclaró- así que la verdad es que me sentía muy sola y he pensado que quizás os vendría bien que me llevase a los niños esta noche y os los devolviese mañana a mediodía, me encantaría estar con ellos. ¿Qué os parece a vosotros?- preguntó mirando a los niños. Los dos empezaron a dar saltos y a pedirnos por favor que los dejásemos ir, que sería muy divertido. Tras pensarlo un poco y asegurándome Manuel que su hermana era una niñera excelente accedimos, y los tres se marcharon por la puerta, mi hija mochila en mano con el pijama y una muda por si acaso. Quedamos en comer en mi casa todos al día siguiente. Cuando cerré la puerta tras de mi, tras decirle adiós con la mano a los tres ocupantes del Mazda que había justo en la puerta, las lágrimas empezaron a caer por mis mejillas, haciéndome sentir de un modo en que jamás antes me había sentido.
-No llores que la niña está en las mejores manos posibles. - me dio con su profunda voz.
-No es por eso- le contesté- ¿Cómo sabía tu hermana donde vivía?
-Creo que no te ha quedado claro que ya no soy un niño, que soy un hombre, sin nada que esconder. Yo mismo le dije donde vivías, lo que siento por ti, formas parte de mi vida y para mi es un privilegio que sea así, por ello no solo lo sabe todo el mundo, sino que las personas más importantes en mi vida fueron las primeras en saberlo. ¿Acaso es algo malo estar enamorado?
Sus palabras iban emocionándome cada vez más y mis lágrimas se acabaron convirtiendo en un torbellino imparable. Me abracé a él con fuerza, y por primera vez sentí que de verdad me encontraba ante la máxima expresión de la palabra hombre. Pero la noche aun no había empezado…. Y quedaba mucho por vivir….
Espero que os haya gustado. Os recuerdo que si queréis que os haga un cuento o un relato personalizado y que se publique aquí, no tenéis mas que escribirme un email al correo: elpoderdelainocencia@gmail.com
Un beso.
Espero que os haya gustado. Os recuerdo que si queréis que os haga un cuento o un relato personalizado y que se publique aquí, no tenéis mas que escribirme un email al correo: elpoderdelainocencia@gmail.com
Un beso.
07 enero, 2012
SONRISAS
Mis manos temblaban mientras me maquillaba, angustiada ante la espera de su regreso. Su última visita había estado cargada de sensaciones y me había dejado un intenso aroma en las manos. Quizás el maldito miedo había vuelto a mi, quizás no estaba acostumbrada a tanta ternura, pero si algo tenía claro era que esa última tarde juntos había dejado un encontronazo de sentimientos muy diversos entre nuestras manos y nuestras miradas, que nuestro abrazo final había sido de una calidez especial y que cada una de nuestras palabras habían sido sinceras. Ahora que él estaba a punto de volver a plantarse ante mi, mis manos sudaban y el corazón se me aceleraba al pensar que en quizás el no me había echado de menos durante ese corto espacio de tiempo, en que tal vez sus sentidos no habían sido tan intensos como los míos… en que el deseo no se había apoderado de él, de la misma manera que de mi. Supe por primera vez que con él no necesitaba ser amada, sino deseada, pero al mismo tiempo me encantaba levantar el auricular de mi teléfono y que su voz sonase tras el, sabiendo que así yo estaba de algún modo en sus pensamientos y que formaba parte de una pequeña esquina de su vida.
Me sentía inseguro ante el espejo, pero me gustaba lo que veía ya que tan solo reflejaba mi persona, sin fantasmas que me achicasen por detrás, que me hiciesen daño mientras les daba mi alma… no, tan solo era yo, sencillamente, y ahora lo veía más claro que nunca.
Escuché su coche aparcando el la puerta, y me entraron dudas respecto al tipo de saludo que deberíamos darnos. Cuando lo tuve delante estas se disiparon, y le abracé pausadamente, degustando de nuevo ese aroma que lo embriagaba todo, ese perfume que me incitaba a desnudarlo entre mis brazos. El roce de nuestros labios en nuestra última cita había sido rápido y casi imperceptible, pero tenía la certeza de que él también lo había notado, y deseaba estar no equivocada. Jamás podré olvidar su risa, su manera de hacerme reír, la bondad de sus ojos y esa manera tan especial de mirar a la vida de frente, pero esa noche estaba allí porque le deseaba, más allá de nuestras risas y confidencias, de los dulces olores que desprendían nuestros cuerpos, de todo cuanto nos quedaba por decir….
30 diciembre, 2011
LA RECREACIÓN INESPERADA (2ª Y ÚLTIMA PARTE)
… note como sus brazos me enlazan con mucha dificultad y enseguida caí en porque…. Le pedí que parase un segundo la música y corriendo subí las escaleras y me puse los zapatos con más tacón que tenía. Cuando volví a su lado y volvió a enlazarme sentí como en ese momento si que la situación era perfecta. Puse mi mejilla contra su hombro y y el latir de su corazón zarandeaba mi cara haciendo que mis propios latidos se hiciesen evidentes tras la camiseta de mi pijama. Acaricié con mis largas uñas su nuca, entrelazando su pelo en ellas.
-Manuel, no quiero enamorarme de ti…- le susurré sabiendo que en realidad no era en absoluto lo que pensaba.
-Creo que es demasiado tarde para los dos, llevamos demasiados años recordándonos, esperándonos, deseándonos… y eso debe ser lo que llaman amor ¿no?
Nuestros cuerpos se movían ligeramente y sus manos acariciaban mi espalda. Lentamente nuestras caras fueron deslizándose al unísono y lamimos nuestros labios con gusto, mirándonos a los ojos. Nuestras manos cayeron a plomo enlazando las del otro. Un intenso calor recorría cada uno de mis sentidos. Aún no podía creerme que él, en la distancia, hubiese estado pensado en lo mismo que yo durante tantos años. Sigilosamente fuimos quitándonos la ropa el uno al otro, salía vapor de nuestra piel, pero el intenso frío no entorpecía cada aliento que nos regalábamos. Sus estallidos de placer inundaban mis oídos, mientras me susurraba que jamás volvería a perderme de vista y yo a él le gemía que jamás deberíamos habernos perdido de vista. Su afeitado perfecto dibujaba entre las luces y sombras del salón una mandíbula perfectamente perfilada, unos carnosos labios. Las cinco de la mañana, y las mantas cubriéndonos el cuerpo en mitad del estrecho sofá.
-Vete antes de que se levante mi pequeña- le dije sabiendo que lo que más deseaba en aquel momento es que no se fuese jamás.
-Bien, pero no podré estar mucho sin verte, ya no me llega con tu recuerdo…
Le observé mientras se vestía, sus movimientos sutiles, su piel de porcelana, su elegancia… era un absoluto placer que colmaba esa parte voayeur que hay en mi. Besándome largamente le vi alejarse… Deseando ya desde el instante en que arrancó su coche que su vuelta fuese inminente, rápida y apasionada. Descubrí entonces que llevaba horas con una inmensa sonrisa en la boca… la que me provocaba cada una de sus miradas.
Fin.
Besos¡¡
29 diciembre, 2011
LA RECREACIÓN INESPERADA
Día de nochebuena. Mi pequeña y yo ante una mesa que aunque escasa a nosotras se nos antoja maravillosa. La cena ha terminado y estamos en el sofá, abrazadas. Son más de las once y media, y el frío ya empieza a congelar las tuberías. El timbre suena sobresaltándonos, seguro que es algún vecino que necesita cualquier cosa. Le pido a mi hija que mire quien es desde la pequeña ventana lateral de la puerta.
-¡Mamá es un chico muy alto!- está emocionada.
Mi corazón se detiene un segundo, pero rápido vuelvo a pensar que será uno de esos vecinos que no conozco. Me acerco a la misma ventana y le veo. Enciendo la luz de la entrada y le pido a mi hija que entre, el frío es demasiado intenso. Su elegante figura, con las manos en los bolsillos y ese aire despreocupado que siempre parece tener, vuelve a sacarme una sonrisa. Le pido que pase. Cuando traspasa el umbral de mi puerta huelo su colonia, la que nunca ha dejado e usar, cacharel clasica. Una vez cierro la puerta, se agacha y roza mi helada mejilla con sus labios. Mi niña esta histérica en el comedor, se siente fascinada por aquel especie de gigante, a sus ojos claro, que acaba de invadir nuestro salón. Hago las presentaciones y el se pone en cuchillas abriendo los brazos, mi pequeña apenas sabe lo que hacer, hace demasiado tiempo que un hombre no permite un abrazo suyo. Se dan unos besos y los ojos de mi pequeña brillan.
-Mamá mira que alta estoy- grita ella entusiasmada, sin saber que esa altura se la proporciona el metro noventa y seis de quien la sostiene.
Finalmente nos sentamos todos, no quiero preguntarle nada, no delante de mi hija, así que nos dedicamos a mirarnos mientras vemos una película de dibujos en la tele. Nuestras miradas desean que pronto mi pequeña caiga rendida por el cansancio pero las horas pasan y eso parece no suceder. Tras unos juegos entre los dos, convenzo a mi pequeña de que es hora de irse a la cama. Son las dos de la mañana. Las luces del árbol se quedan pequeñas al lado de la luz que trasmiten sus ojos azul añil.
Tras asegurarme de que mi niña duerme vuelvo al salón donde la luz principal a sido apagada y tan solo se ve iluminada por las luces del árbol y su presencia, que vuelve a hacer que mi estómago se llene de pequeñas hormigas revoloteando. Ya se ha sentado en el sillón principal, me siento a su lado.
-¿Qué haces aquí una noche como esta?- le pregunto mientras mi voz sigue temblando cada vez que recuerdo nuestro último encuentro.
-Creo que nos debemos algo mutuamente, y ya es hora de que nos lo dediquemos.
Conociéndolo sabía que podía ser cualquier cosa, pero por mucho que hubiese querido pensar jamás pensé que humanidad y sensibilidad llegase hasta extremos que me sorprendiesen. Saco de su bolsillo un pendrive, colocándolo en la rañura de mi tdt. Estaba totalmente desconcertada por su actitud, pero mi cara lucia una sonrisa constante. El extendió su gran brazo y me ofreció su mano, la agarre suavemente. Estábamos frente a frente, mi cara apenas llegaba a su pecho, y entonces supe lo que estaba pasando. Quince años atrás en esa misma situación, en la que por primera vez pude acariciar con gran esfuerzo su nuca, interrumpieron nuestro baile los cinco acompañantes que me habían puesto para que nadie me molestase. Pero en aquella ocasión era fin de año, yo había salido muy bien acompañada por los chicos de la pandilla, todos increíblemente altos y amables, me cuidaron como una reina. Él esa noche trabajaba en el pub del que era encargado, y allí es donde decidimos acabar la noche la pandilla. Cuando ya no quedaba nadie, él puso una última canción y extendiéndome la mano como en este momento, me había invitado a bailar, pero mis “guardianes” habían aparecido interrumpiendo ese momento. Cuando le dio al play y los primeros compases de Santana empezaron a sonar, me parecía increíble que incluso recordase la canción. Noté como poco a poco mi salón se trasformaba en aquella lejana pista de baile, volví a verme con mi vestido de satén negro y mi pelo perfectamente alisado… y a él con su traje informal gris perla. Agachó su cabeza hasta mi hombro y besándomelo levemente me susurró con su profunda voz: “Tu piel es aun más suave que el precioso vestido que llevas esta noche” y en ese mismo instante supe que iba a realizar una perfecta recreación de todo cuanto sucedió aquella noche, quince años atrás, incluso las mismas frases, los mismos movimientos… pero esta vez nadie nos interrumpiría, y así no quedaría inacabada. Ese era el regalo más maravilloso que podía recibir, pues me demostraba, que al igual que yo no había podido olvidarla. Pero aun quedaban más sorpresas aquella noche….
28 diciembre, 2011
SENTIMIENTOS
Hoy he decidido hacer esta nota, para intentar hacerme un bien a mi misma, y dejar ya de llorar por lo que creí que era y en el fondo nunca fué.
Empezaré diciendo que JAMÁS me arrepentiré de haber amado con toda mi alma al que siempre pensé que era el amor de mi vida. Y nunca me arrepentiré porque le entregué hasta la última gota de mi corazón mientras él no se daba ni cuenta de que a veces las palabras hacen que se vaya desangrando. Quizás sea una de esas estúpidas personas que siempre han creido que el amor era más fuerte que todo, que si amaba con el corazón sería correspondida del mismo modo, sin que nada lograse romper esa union de sentimientos puros.
Si echo la vista atrás, creo que ningún sentimiento puede ni debe ser cuantificado, si me ofreciesen mil millones por la muerte de mi madre, los rechazaría sin pensarlo un segundo. Pero la muerte llegó a su puerta y me enseñó que la vida era muy corta y que por eso debía amar sin mesura a quien mi corazón me indicase.
Y si, lo hice, con cada puto poro de mi piel, con cada pensamiento, y cada centrimetro de mi cuerpo y mi alma. Jamás me arrepentiré de haber soñado con que envejeciamos juntos, con los miles de relatos que le escribí, de cartas de amor, de palabras que salían directamente de mi corazón... Llegado el momento hubiese dado mi vida por él, porque ese tipo de amor solo sabe hasta donde llega quien lo siente. Llegué a hacer cosas que jamás pensé hacer, soñé con cosas que jamás me había propuesto volver ha hacer en mi vida... tres años dan para mucho amor, en una persona como yo, tres años llevan a una entrega total.
Cuando ese amor, el que siempre defendí por encima de todas las cosas, se volvió cuantificable supe que quizás no todo el mundo tenía el mismo sentido del amor que yo. Pero me considero absolutamente afortunada de ser asi, de que no sea capaz de cuantificar una cosa tan importante como el amor. He llorado tanto, que me he llegado a quedar sin lágrimas.. y sigo llorando, de la pena que me da ver que esa persona jamás fué consciente de cuanto llegué a amarlo. Hoy, tres meses después, sé que cada buen recuerdo llena los malos, que siempre hice lo que me dictaba el corazón... y de que a pesar de todo, nunca me arrepentiré. Seguiré siendo así, dándome al cien por cien cuando crea en alguien ciegamente, tal y como creí en él. Ojalá se hubiese dado cuenta. Hoy me he dado cuenta, de que necesitaba alzar la voz y decirlo, porque mi sufrimiento, a pesar de todo... valió la pena y jamás me arrepentiré de ello. Soy asi, y espero seguir siendolo por mucho tiempo, pues el corazón es lo que nos distingue a unos de otros. Besos.
20 diciembre, 2011
CARTA A MARÍA, EN CONTESTACIÓN A LA SUYA
Tal y como dije ayer, voy a contestar a la carta de María, por que se merece una respuesta y porque me da la gana, ya estoy un pelin cansada de unas cuantas cosas en las que parece que nadie repara… entre ellas, que el mismo maltrato al que somos sometidas las personas adultas lo viven los niños, que a mi manera de ver, finalmente son los más perjudicados, ya que no tienen manera de defenderse.
Pequeña Maria:
Siento en el alma que hayas tenido que ver semejante espectáculo, y realmente no sabría como consolarte en estos momentos. Tan solo intentaré, aunque no se si lo conseguiré, explicarte lo que a veces se da en el mundo de los adultos.
Ante todo, me gustaría que pensases que hay hombres buenos en el mundo, y mujeres no tan buenas, porque la violencia no es cuestión de sexo, sino de malicia. También es verdad que los que suelen agredir más a menudo son los hombres, porque así se creen más importantes, cuando lo que hacen es que el príncipe descuento se vuelva Sapo. Estoy segura de que pronto tu mamá recibirá el suficiente coraje con para denunciar a esa especie de monstruo del armario que vive con vosotras, y te aseguro que en cuanto se haya ido, en vuestra casa ya no habrá más gritos ni insultos, nadie pegará a nadie.. eso si, posiblemente tendrás que echarle una mano a mamá, porque seguramente aún llora durante una larga temporada, porque ese tipo de cosas nos pasan a las mujeres que amamos con toda el alma. Mi pequeña, jamás dejes que una sola persona te haga creer que el mundo es así, porque no lo es. Normalmente esta lleno de gente maravillosa, que aprecia el amor que sentimos por ellos, por eso siempre debes de amar de manera pura y dándole tu corazón a la gente que te quiere sin pararte antes a pensar en otras cosas. Hay gente, la menos por cierto, que se sienten más poderosos e importante cuando maltratan a alguien, aunque la única verdad es que son unos pobres cobardes miserables que no tiene narices de darle la cara a la vida, y por eso necesitan pegar… porque no tiene nada más que valga la pena. Pero si cuando seas mayor te enamoras por desgracia de una persona así, nunca te arrepientas, pues a ti siempre te quedará la satisfacción de haberle amado y a el mucha mierda en la conciencia. Por último recordarte que eres una niña, que jamás un niño/a debería de pasar por eso, y que el castigo para quien se lo hiciese pasar sería que Dios le cortase las manos para que nunca más pudiese hacerlo. Así que, creo que lo que tu mamá necesita en estos momentos son tus besos y abrazos, ese será su mejor regalo, pues seguro que la persona que le pega nunca a sabido darle nada de eso, ya que a esa gente tan solo le interesa el poder, el dinero y mil cosas superfluas con las que llenar sus patéticas vidas vacías… Recuerda siempre que cuando tu madre te abrace, será con un amor profundo, de esos que no tienen precio y que con un poco de suerte pronto estaréis solas y la casa volverá a llenarse de risas y juegos, sin necesidad de nada más, pues a quien le falta algo siempre es al monstruo... el corazón.
Nunca dejes de soñar, pequeña, y talvez tus sueños acaben haciéndose realidad, porque tu eres la princesa y él, el troll... y los malos siempre acaban perdiendo.
Besos.
13 diciembre, 2011
La canción silenciosa EL FINAL
(..) Mientras el ruido de la moto aún se escuchaba levemente, Ana iba su habitación ha ponerse el pijama, sin dejar de pensar en todo cuanto había sucedido aquella alargada tarde. Dos portales más allá, Lorena aun estaba estupefacta de la valiente reacción del que ya oficialmente era su novio.
Los chicos llegaron a una cafetería cuatro manzanas más lejos, y se sentaron en una mesa. Javier estaba como perdido, no hablaba, y no dejaba de mover el cuello hacia los lados.
-¿Qué ha pasado?- Le preguntó Marcos-¿Tan mal ha ido?
-Al revés tío, no se que me pasa con esa chica…
-Pues que te gusta con locura. ¿Eso no es tan raro sabes? ¿Que pasa que nunca te habías enamorado de nadie?
-Pues no, la verdad es que ella es diferente a todas las demás. Es como si sus ojos me volviesen tonto, no dejo de pensar en ella.
-¿Y ella que piensa?- Le preguntó Marcos deseando que la respuesta fuese buena.
-Creo que piensa lo mismo que yo. Hace unos días me parecía la tía más borde del insti, y ahora no puedo olvidarme de ella. Me estoy volviendo loco, tío.
Marcos rió con ganas, nunca había visto así a Javier y le parecía increíble que un tipo tan seguro de si mismo como el tuviese las manos temblorosas por una chica. La conversación siguió en tono bajo y lento, como una confidencia. Sonó un mensaje en el móvil de Marcos: “Me haces muy feliz”. El sonrió y le contestó rápidamente con un simple “Idem”.
El día siguiente era día de instituto e irremediablemente allí se encontrarían los cuatro.
Tras una larga charla de confesiones intimas entre los dos muchachos, se fueron a dormir.
Cuando el sol empezaba a salir las chicas estaban más nerviosas de lo normal, pero ellos tampoco estaban lo que se dice tranquilos.
-Mamá- le dijo Ana a su madre- estoy saliendo con Javier, creo.
Tan solo una taza de caco caliente las separaba.
-Bien, hija. Se nota que ese chico te gusta mucho, espero conocerlo pronto.
El telefonillo de la puerta sonó, Lorena ya la esperaba abajo. Las amigas se dieron la mano de camino al instituto. Ana no dejaba de temblar. En la puerta ya estaba Marcos, con las carpetas en la mano. Recibió con un beso a su novia y dos a su amiga. Faltaban apenas cinco minutos para que sonase el timbre de entrada y aunque ninguno de ellos decía nada, todos temían que Javier finalmente se hubiese “rajado” y no acudiese a clase. El bullicio de los adolescentes pasando al centro iban desolando el alma de Ana que llegó incluso a pensar que tal vez tan solo había sido una más de su lista larga de conquistas. Se dio la vuelta para entrar definitivamente al centro, sus amigos iban un poco más adelantados. El sonido del claxon de una moto la paralizó. Se dio la vuelta lentamente. Si, él estaba allí, con el casco en la mano, ya aparcado. Bajándose de la moto se acercó a ella lentamente y suavemente, cogiéndola por la cintura. Pareció que todo el instituto les observaba durante su apasionado beso. Pero mirándose a los ojos ellos mismo se dieron cuenta de que aunque tenían una edad difícil, les unía algo que tan solo se siente una vez en la vida.
La otra pareja sonrió en la distancia, avisándoles de que llegarían tarde a la clase. Los cuatro se encaminaron hacia ella, y a pesar de no saber que les depararía el futuro, decidieron vivir aquella aventura como la única de sus vidas, con la certeza de que jamás la olvidarían.
FIN
Espero que os haya gustado. Os recuerdo que si queréis que os haga un cuento o un relato personalizado y que se publique aquí, no tenéis mas que escribirme un email al correo: elpoderdelainocencia@gmail.com
Un beso.
Espero que os haya gustado. Os recuerdo que si queréis que os haga un cuento o un relato personalizado y que se publique aquí, no tenéis mas que escribirme un email al correo: elpoderdelainocencia@gmail.com
Un beso.
08 diciembre, 2011
La canción silenciosa 7ª y penúltima parte
(…) Mientras Ana y Javier, acariciaban mutuamente sus lenguas en el parque, Lorena y Marcos ya se dado cuenta de su ausencia y habían terminado su partida de billar. Se sentaron en la misma mesa que habían estado antes. Sus manos seguían enlazadas, y su conversación era suave y dulce.
-¿Solo soy una más para ti?- Le preguntó Lorena.
-¿Cómo?- Se sorprendió el pobre Marcos- Yo no soy de esos y tú tampoco eres de esas. Creía que oficialmente ya podíamos darnos a conocer como pareja… o quizás tú no estés preparada.
La chica notó como sus mejillas volvían a teñirse de fuego ante la sincera y limpia mirada de aquel muchacho que luchaba contra sus propios miedos al decir esas palabras. Quizás ya lo habían rechazado demasiadas veces. El silencio se hizo incómodo, pero necesario.
-Claro que podemos darlo a conocer, en el fondo eres mi novio ¿No?
Tras respirar profundamente, Marcos respondió con una temblorosa voz.
-Es justo lo que yo quería decir… pero me ha encantado escuchar como lo decías tú.
Se besaron por primera vez en público, lentamente, saboreándolo… hasta que una inmensa mano golpeó el hombro de Marcos.
-He, tú… pringao, ¿Dónde está Javier?
-No lo se, se ha largado.
-¿Ahora te has echado novia o es para ver si mojas de una vez…?- se oyeron las risotadas de aquellos orangutanes en toda la sala, Lorena empezó a sentirse realmente incómoda, no sabía como reaccionaria ante aquella situación una persona como Marcos, tan sereno, tan tímido y callado.
-Que pasa- respondió- ¿Que esta mañana te has contado los músculos y te faltaba alguno? Mira a ver si es el del cerebro… porque el de tu entrepierna hace tiempo que dejo de respirar, gilipollas.
La cara de imbécil que se le quedo al otro tipo no tenía precio. El recién estrenado novio de Lorena se vio agarrado fuertemente por las solapas. Pero no bajaba la mirada. La chica empezó a sentir verdaderamente miedo ante la idea de que le pegasen, sintiendo que parecía que nadie acudía a ayudarlos. Los demás orangutanes le recordaron al envalentonado que si aparecía Javier las cosas podían ponerse feas, y este soltó de inmediato las solapas del chico. La pareja decidió irse de allí, además ya se estaba haciendo de noche. Fueron paseando hasta el portal de ella y desde allí vieron como sus amigos estaban en la puerta de entrada al portal de ella, besándose apasionadamente. Los cuatro cruzaron sus miradas, sonriendo.
-Espera que te llevo a casa en moto, Marcos- Le gritó Javier.
A las chicas les sonó a una mala excusa para poder ir a tomarse algo y hablar. Se despidieron con un beso y las chicas entraron en sus respectivos portales. En menos de cinco minutos ya estaban al teléfono, contándose lo sucedido. El ruido lejano de la moto de Javier confirmaba sus sospechas, se habían ido a hablar y no a casa. Aquella noche las estrellas brillaron mas que nunca y cada uno de ellos mantenía el sabor de la saliva del otro en su boca.
Besos ¡¡¡
Espero que os haya gustado. Os recuerdo que si queréis que os haga un cuento o un relato personalizado y que se publique aquí, no tenéis mas que escribirme un email al correo: elpoderdelainocencia@gmail.com
Un beso.
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Un beso.
30 noviembre, 2011
EL DULCE SABOR DEL AZÚCAR
AVISO: SOLO MAYORES DE 18 AÑOS. GRACIAS .¡¡¡ ESTA NOTA LA HAGO ESPECIALMENTE PARA RAQUEL, GRACE Y ANTONIO... QUE ME "INVITARON" A HACERLA ... ESPERO QUE OS GUSTE MUCHO A TODOS/AS.. YA ME CONTARÉIS ¡¡
Nunca había podido olvidarme de él, de su intensa mirada azul y su provocativo cuerpo. Cuando su metro noventa y seis volvió a plantarse ante mi, volví a sentir ese deseo irremediable que siempre me inundaba en nuestros recuerdos conjuntos pasados. A pesar de haber pasado más de diez años, el seguía tan interesante y sexy como siempre. Estábamos allí, entre medio de más gente, que nos hablaba, que llamaban nuestra atención, pero nuestros ojos de dejaban de buscarse. Hacía mucho tiempo que no escuchaba tantas y tan sanas risotadas a mi alrededor, incluyendo las mías propias. Mi cuerpo luchaba contra mis irremediables ganas de verlo desnudo, imaginándomelo de nuevo entre las aguas del riachuelo en el que por tan solo las caricias de sus grandes y suaves manos en mi espalda, había sentido mi primer orgasmo.
Me escapé un segundo al garaje, la humedad que sentía entre mis piernas era terriblemente turbadora. En apenas unos minutos su inmensa figura estaba frente a mi, y su mirada iluminaba toda la estancia. Sus cuidados músculos, hacían que mi vagina no dejase de contraerse sola, una y mil veces. Vino hasta mi en silencio, las palabras entre nosotros sobraban, y me subió a la lavadora.
Empezamos a mordernos los labios ansiosamente, y mientras mis pezones eran aprisionados bajos sus manos las mías recorrían su espalda lisa y suave, tan perfecta como la recordaba. Notaba su excitación a través de sus pantalones, y aún me hacía perder el control rápidamente, mientras observaba morbosa como él mismo no podía controlarse. Una voz me llamaba desde lejos, respondí a duras penas, intentando disimular mi acelerada respiración. Debíamos volver al salón antes de que se diesen cuenta de nuestra sospechosa ausencia.
-¿Sabes cuantos años llevo deseando volver a morder tus labios?- me susurró desafiante.
-Los mismos que yo llevo esperando que inundes mi cama- le contesté.
Siempre habíamos sabido como tentarnos, y era algo que nos encantaba. Salí del garaje temiendo que la inundación de flujo que tenía llegase a mojar mis pantalones, pero confiaba en que el jersey que llevaba puesto podría disimularlo. Llegué al salón con las bebidas y sus risas volvieron a llenarme de felicidad. El llegó tardó más en llegar, lo suyo era más difícil de disimular. El tiempo iba pasando y la madrugada nos engullía sin compasión, el cansancio se empezaba a dejar notar. Entonces el se recostó sobre mi, que estaba tapada con una manta y mientras la conversación y los viejos recuerdos seguían llenando la estancia, noté como deslizaba una de sus manos bajo la manta ye intentaba acariciarme el clítoris. Con disimulos entreabrí mis piernas, fijándome pícaramente en que nadie se había percatado de lo debajo de aquella manta estaba sucediendo. Al poco supe que tenía que controlar mi respiración o acabaría gimiendo. Todos achacaron mi actitud “distraída” al cansancio, y decidieron irme. Manuel parecía haberse quedado dormido en el sofá. Cuando todos se hubieron ido, el ya estaba de pie, los dos sabíamos como “despejar el ambiente”. Le quite inmediatamente la ropa, su cuerpo seguía pareciéndome el de un nadador, tan suave, tan esbelto. El me quitó la mía dejándose llevar por sus instintos. Su falo entre mis manos se me hacía inmenso, apetecible… y ese olor que desprendía su piel a azúcar moreno mientras mi lengua descendía hacia él, era un placer no experimentado en muchos años. El brillo de su pelo y su mirada de deseo mientras lo lamía aun me excitaba más. Tirándome sobre el sofá cayó entre mis piernas y su pene se acopló a mi cuerpo a la perfección, un primer orgasmo me sacudió, pero ambos queríamos mucho más. Su piel limpia y suave, me invitaba a no dejar de lamerle entre gemidos, aunque los suyos eran absolutamente escandalosos. Quería que cada parte de mi cuerpo la hiciese suya, que sus ojos intensos traspasasen mis entrañas y me recordasen hasta el último segundo lo que era el placer infinito. Y a cada penetración suya mi vagina quería quedarse con él dentro. Nos mirábamos a los ojos, nos mordíamos los labios, besaba mis pechos y yo acariciaba su culo. Cuando su semen me invadió, supe que el placer solo se da y se obtiene cuando las dos personas tienen el mismo nivel de deseo, la misma idea del erotismo.
-Ha valido la pena esperar casi quince años para tenerte…- me dijo.
-Siempre he sabido que nunca podría desear a nadie como a ti.
Observar como se dormía acariciándome las manos, y dormirme con la cara pegada a su espalda es cuanto había imaginado... Todo un placer. Besos ¡¡
24 noviembre, 2011
La canción silenciosa 6ª Parte.
(…) Mientras el agua caliente recorría lentamente el cuerpo de Ana, a escasos metros su amiga Lorena ya se había duchado y vestido. Unos simples vaqueros y una camiseta azul marino En la que se podía leer la insignia: “Si me quieres, no me chilles”. Siempre había sido muy solidaria ante las injusticias. Ahora Lorena se encontraba frente al espejo, su gran enemigo. Volvieron a su mente viejas dudas, viejos complejos… pero con una valentía increíble se recogió el pelo en una simple coleta y se sintió un poco más libre. Apenas se puso un poco de brillo en los labios y rimel en las pestañas. Para ella ya era suficiente.
En cambio Ana, mientras se secaba, aun no había decidido que ponerse, ni tan siquiera sabía que hacer con su pelo. Se encontró más insegura que nunca, como si tuviese ocho años de nuevo. Miró y remiró en su armario, las nubes parecian ir desapareciendo y no hacía nada de frío. Finalmente y desesperada por su propia incapacidad de decidirse acudió a quien siempre lo hacia:
-Mamá, ¿Puedes ayudarme a elegir algo que ponerme?- Gritó desde su habitación.
En apenas unos minutos Rosana ya estaba a su lado, sonriendo al ver a su hija tan nerviosa, nunca la había visto igual.
-Vamos hija, escojamos modelito.
La madre empezó a trastear en el armario, mientras la chica se mordía las uñas sentada sobre la cama. Tras unos minutos su madre se dio la vuelta y le entregó lo que a ella mejor le parecía. Una falda vaquera con unos bordados color plata y una camiseta que dejaba entrever su ombligo. Como complemento una chaqueta color plateado comprada en Zara. La joven seguía muy nerviosa.
-¿Mamá esa falda no me hará el culo muy gordo?
-Si lo tuvieses quizás si, pero tienes un culo perfecto. Venga déjate de indecisiones y vístete que es muy tarde, son más de las cinco y media y me habías dicho que la cita era a las seis…
-Madre mía mama, que hago con mi pelo.- A Ana casi se le saltaban las lágrimas de los mismos nervios.
-No te preocupes, una bonita trenza dejará que se te vea bien la cara.
Ana sonrió, su madre siempre tenía soluciones de emergencia para todo. Mientras ella se vestía sonó el timbre, Lorena ya estaba preparada.
A unos trescientos metros, Javier terminaba de afeitarse. Aquel día había tardado más que de costumbre, quería estar perfecto. Se vistió rápidamente con unos tejanos oscuros y una sudadera color cobalto que le favorecía mucho, aun así él también se sentía indeciso por primera vez. Por último cogió su colonia preferida y se roció un poco. Si, el pelo estaba perfecto, el afeitado perfecto… pero el demasiado nervioso como para verlo así. Salió de casa en busca de su amigo Marcos, que contrariamente a todos ellos, se había duchado, pero no se había afeitado ni puesto gomina e iba vestido con unos simples tejanos y una camiseta. Sorprendentemente, parecía el más tranquilo de todos. Los chicos tomaron rumbo hacia la cafetería.
Ana finalmente siguió los consejos de su madre y maquillándose ligeramente, aunque más que Lorena, buscó su perfume en el bolso y roció a su amiga con él antes de echarse ella misma. El tono marrón de sus labios, hacían que Ana resultase muy atractiva. Salieron de casa de Ana con aquellos preciosos pero incómodos zapatos de tacón que ambas odiaron haberse puesto. De camino a la cafetería ninguna de ellas era capaz de articular palabra. A tres metros de la cristalera de la cafetería y tras ver a los chicos sentados en una mesa, Ana hizo el amago de salir corriendo. Lorena la sujetó fuerte por el brazo y en ese pequeño intervalo de tiempo los chicos las saludaron desde dentro. Ya no había manera de echarse atrás. Cruzar aquellas puertas de cristal supusieron para Ana uno de los peores momentos de su vida. Los chicos se levantaron y entre todos se repartieron los besos de rigor. El bullicio de la cafetería hacia que el silencio de la mesa no fuese tan incómodo.
-¿Qué queréis tomar?- dijo finalmente Javier.
- Yo, una Pepsi- contestó rápida Lorena mientras notaba como Marcos le cogía la mano por debajo de la mesa.
-Yo otra- Dijo Ana, con la mirada fija en la mesa. Aún no se había atrevido a mirarle a los ojos.
El pedido llegó pronto, y los vasos se llenaron rápido. Marcos le propuso a Lorena jugar una partida de billar, en ese momento la sala donde se jugaba estaba desocupada, ty así tendrían más intimidad. Ana quiso matarlo por un segundo, pero aun le entraron más ganas de estrangular a su amiga cuando le dijo que si. En cuanto que se fueron aparecieron la típicas niñatas para saludara Javier, y por primera vez el se sintió molesto. En cuanto ellas se fueron la voz de Ana empezó a sonar lentamente:
-Quería pedirte disculpas por mi comportamiento de ayer. No es que no piense lo que te dije, pero creo que no fueron las formas.- Seguía con la mirada fija en el vaso.
La mano de él le levantó la cara suavemente empujándole la barbilla con ternura.
-¿Pedirme disculpas tu a mi? Creo que aquí el único tonto he sido yo, es más, estoy de acuerdo contigo en todo lo que me dijiste. Me pasa una cosa muy especial contigo….- las niñatas volvieron e interrumpieron a Javier, Ana suspiro aliviada, le asustaba lo que podía seguir en esa frase. Cuando volvieron a irse, y los refrescos tan solo habían sido consumidos a la mitad, Javier se levantó bruscamente de su asiento y acercándose a la barra pagó las consumiciones de los cuatro, tras lo cual volvió rápidamente a la mesa y cogiendo a Ana de la mano la saco del local. Ella estaba absolutamente encantada de sentir los dedos de él entre los suyos, y sin darse cuenta se los acarició. El la miró fijamente y sin decir una palabra más se la llevó al parque donde le habían organizado la cuita a Lorena y marcos. Se sentaron en un banco mientras sus manos inexplicablemente seguían unidas.
- No he podido dejar de pensar en ti, no se porque, pero cuando te veo siento cosas que jamás antes había sentido- Javier tragó saliva para poder continuar- Me encantan tus ojos, bueno a decir verdad, me encanta tu todo… Sus caras iban acercándose con una lentitud agónica, sin dejar de mirarse a los ojos. Cuando finalmente sus labios se encontraron, Ana sintió como si una brisa de aire fresco le diese mucha más vida y Javier deseo en silencio quedarse en su boca para siempre. Sus lenguas se buscaban imprecisas en lo que se convirtió en un beso eterno, amoroso y apasionado. Tras besarse, Javier sorprendido observó lágrimas en la cara de Ana, y asustado le dijo:
-Quizás me he dejado llevar y me he pasado…
-No, son de felicidad.- le contestó ella- Estoy enamorada de ti.
La canción silenciosa 5ª Parte.
Mañana la gran cita.. no os la perdáis ¡¡ besitos ¡¡¡
(…) A las doce de la mañana, sonó insistentemente el timbre de casa de Ana, era Raquel, otra de las chicas del grupo. Rosana le informó de que aún no se habían levantado. Y Raquel quedó en llamar las más tarde por teléfono. En ese momento la madre subió sigilosamente las escaleras y observó a las dos niñas, parecían absolutamente angelicales allí tumbadas. Queriendo retirar la bandeja del día anterior, Rosana golpeó la tazas entre si, despertando a las dos adolescentes. Lorena enseguida preguntó la hora que era y al saber que se le había hecho tarde salió escopeteada de la casa, pues los domingos solía ir a comer a casa de sus abuelos, en las afueras. Ana se desperezó lentamente y le pidió a su madre un abrazó,. Siempre le había encantado que la abrazasen por la mañana. Le dijo que a su madre que a esas ya no desayunaría que prefería esperar a la comida directamente. Rosana volvió a bajar al piso de abajo, quería preparar la masa para hacer pizza casera, a sabiendas de que a su hija le encantaba su pizza casera.
Mientras Rosana escuchaba como su hija trasteaba en el piso de arriba, imaginaba que estaría poniéndolo todo patas arriba, como siempre, buscando la ropa ideal. Pero cuando acudió a llamarla para decirle que la pizza ya casi estaba se llevó la sorpresa más monumental de su vida la comprobar que todo aquel ajetreo se debía a que su hija había estado ordenando de arriba abajo toda la habitación, y limpiando hasta la última esquina. Aquellas cosas desarmaban a Rosana.
Una vez las dos en la cocina y ya con la deliciosa pizza casera sobre la mesa, se inició la conversación:
-Mamá, me encanta esta pizza, nadie las hace como tu.- Le dijo la chica con cariño.
-Que exagerada eres Ana- Sonrió la madre.
-Mama…. Hoy he quedado con un chico, pero es que ayer metí un poco la pata…
-¿Con quien? ¿Lo conozco?
-Bueno si, es Javier, el chico que juega al fútbol…
-Es muy guapo, aunque me parece algo ligón- rió la madre.
-Ya también me lo parecía a mí pero es que creo que solo lo parece mama. Ayer pensando que cambiaba de equipo y se iba a otra ciudad le dije todo lo que pensaba de él, me pase un montón…
-¿En que sentido?-Preguntó Rosana intrigada.
-Bueno le dije todo l oque pensaba de él, lo bueno y lo malo. Y lo peor fue cuando me dijo que tan solo se iba un fin de semana y que después se quedaría en el insti…
-¿Es que también tienes cosas buenas que decirle? Vamos, cuéntaselas a tu madre…
-Bueno mamá- Dijo Ana sonrojándose- es que creo que me gusta mucho, pero no me di cuenta hasta el otro día, y fue casi sin querer. Y todo porque me rozó la mano. Pero ahora después de todo lo que le he dicho no se si voy a ser capaz de mirarle a la cara….
-¿No crees que sería peor dejarlo tirado mientras el te espera? A mi me dolería más.
-Ya lo sé mamá, pero me siento tan avergonzada ¡¡¡ Igualmente Lorena me acompañará. Anda si no te lo he contado. Ella y Marcos, El chico ese tan calladito que saca tan buenas notas, están saliendo juntos. Marcos y Javier son muy amigos.
-Pues tú no te preocupes hija, ves tranquila y lo que tenga que pasar pasará. Me gusta ese chico para Lorena, se ve muy buen chico, muy tranquilo….
A partir de ese momento la conversación giró en torno a Lorena y su recién estrenada relación. Entre risas y confidencias llegaron las cuatro de la tarde, saliendo escopeteada hacia la ducha, pensando en su tan confusa cita. Cuando Ana ya estaba en la ducha, escuchó un sms en el móvil. Era de Lorena. Las dos estaban muy nerviosas ante la cita más importante de su vida. Empezaba a nublarse la tarde, pero en sus corazones un radiante sol en sus almas. Su ilusión estaba máxima tensión.
21 noviembre, 2011
UNA NAVIDAD DE PERROS
HE ESCRITO ESTE CUENTO A PETICIÓN ESPECIAL DE RAQUEL Y LOLY LAS ADMINISTRADORAS DE http://cursospeluqueriacanina.over-blog.es/ , OS RECOMIENDO EL BLOG ANTE CUALQUIER DUDA EN EL CUIDADO DE VUESTROS PERROS, OS SERÁ DE GRAN AYUDA. ESPERO QUE OS GUSTE. BESOS¡¡
http://cursospeluqueriacanina.over-blog.es/
http://cursospeluqueriacanina.over-blog.es/
Hola a todos/as, antes de contaros mi historia, me gustaría hablaros un poco de mis orígenes. Siempre he estado orgulloso de ellos y seria injusto no hacerlo, quizás así de paso también entenderéis mejor todo cuanto aconteció en mi vida va ha hacer ahora un par de meses.
Nací en el seno de una familia donde la lealtad y el honor eran una marca de nacimiento. Mis bisabuelos habían servido en las mejores casas de la ciudad hasta su misma muerte. Su trabajo incansable y su innegable casta les habían valido tanto a ellos como a mis propios padres una reputación más que merecida. Siempre habían sabido comportarse en todo tipo de situaciones, siendo luchadores y fieles en las más peligrosas y cariñosos y protectores cuando así se les requería. Si, esa es mi familia y estoy orgulloso de ella. Estas cualidades han persistido durante generaciones, incluso considero que yo mismo las tengo, quizás suene un poco osado, pero no creo que sea el momento de ser modesto.
Bien, ya basta de hablar de mi familia. Me llamo Boris, tengo tres años y medio, y puedo decir con orgullo que soy un boxer pura raza. Mi pelo es negro como el azabache, así por alguna razón que siempre les he parecido atractivo a las féminas. Cuando nací, la dueña de mi madre, mujer cariñosa y generosa, decidió que yo me fuese con su hija, que había tomado la más que discutible decisión de irse a vivir con su novio, un tal José que tenía más cara de perro que yo mismo. Igualmente la decisión no me molestó en absoluto, porque quería a Patricia con toda mi alma, y ser su compañero de piso me enorgullecía. Los primeros meses fueron más o menos bien, hasta que él empezó a tener la mala costumbre de gritar y darme patadas cuando lo hacía. Estuve a punto de perder los estribos varias veces, pero nunca quise perder las formas. Ví llorar muchas noches a mi amita, en soledad, cuando tan solo yo y ella estábamos en aquel frío salón, en silencio. A pesar de saber que tenía una amarga tristeza en su corazón jamás dejó de acariciarme y yo de lamerla, para que nunca se sintiese sola. Una de aquellas noches en las que él venia borracho de alcohol y violencia, vi como la golpeaba con fuerza y sin pensármelo dos veces me lancé a su cuello. El tipejo logro zafarse de mí y seguir golpeándola mientras estaba en el suelo. . Entonces mordí con todas mis fuerzas su pierna, desgarrándosela. Y él, con la misma navaja con la que hería a mi pequeña ama, me hirió en la pata derecha. La policía no tardo en llegar, yo estaba furioso, aquel loco había hecho mucho daño a mi querida Patricia. Tan solo recuerdo despertarme en una celda para animales, creo que las llaman jaulas para disimular. Escuché a dos tipos hablando sobre mí:
-Este animal es de raza peligrosa y es violento, habrá que sacrificarlo.
¿Qué yo era que? ¿Violento y peligroso? Y, entonces ¿como era el tipo que quería matar a mi joven amita? ¿No era él un animal violento y peligroso? ¿A él también lo sacrificarían? No entendía nada, por intentar defender a mi querida Patricia me calificaban de violento y peligroso, y debía ser sacrificado. ¿Qué se esperaba de mí?
Pasé toda la noche en aquella celda, pensando en como estaría mi querida niña. El guarda de noche tenía puesta la radio y de esa manera fue como me enteré de su muerte a manos de aquel salvaje. ¿Quién era el animal ahora? la tristeza que se apoderó de mi me hacía gemir en silencio, con el corazón roto. Por la mañana a primera hora, un tipo con cara de pocos escrúpulos se acercó a mi celda y me dijo: “Chaval te queda muy poco”. Yo seguía buscando una salida a aquella situación, y mientras la buscaba ella llegó a mi. El tontarrón que se creía muy listo dejó un momento mi celda abierta mientras iba a atender la puerta. Era mi única oportunidad, así que salí de allí como un rayo y escapé por una ventana abierta. Notar de nuevo el aire en mi cara me daba fuerzas para correr como si fuese un gamo. Al poco rato ya estaba muy lejos de allí, pero la tristeza seguía inundándome por momentos. Finalmente no pude salvarla, por muchos intentos que hice.Quizás debí desgarrarle la yugular a aquel tipo. Anduve sin rumbo durante horas, total no tenía rumbo fijo ni me conocía aquella parte de la ciudad. Empezó a anochecer lentamente y el frío cada vez era más intenso. De repente, al pasar delante de un callejón estrecho muy oscuro escuché unas voces caninas que salían de él. Decidí acercarme a ellos y preguntarles donde estaba. Mi lengua ya pedía a gritos un poco de agua. Cuando me acerqué más ellos pude ver que eran cuatro: Un mastín napolitano con cara de pocos amigos llamado Chester, Un Setter inglés muy elegante llamado Sutton, Un Sharpei de cara indefinible pero sin duda bondadosa llamado Luca y un Shnauzer llamado Jagguer. Todos ellos me acogieron con gran simpatía.
-Pasa amigo, - me dijo con voz profunda e intensa Chester- pronto llegará la cena, en cuanto cierren ese restaurante de ahí delante. Entonces podrás mover el bigote.
Me relaje y tumbé, estaba demasiado cansado como para mantener una conversación racional y así se lo expliqué, quedaron en avisarme cuando la cena ya hubiese salido. Cabeceé un rato mientras ellos continuaban contándose sus batallitas. Me había fijado que todos ellos llevaban marcas de peleas o quizás hubiesen sido provocadas en muchos casos por esos otros animales llamados personas. Al poco un delicioso olor llegó hasta mi hocico, tenía un hambre canina, nunca mejor dicho. Escuché como un cartón se movía tras de mí y me puse en guardia.
-No te preocupes amigo, es Duquesa, la dama del grupo.- Me dijo el elegante Sutton.
Me acerque lentamente y metí el hocico poco a poco entre aquellos cartones hasta que logré ver ante mis los ojos más hermosos que jamás había visto. Apenas de que tan solo podía verla a través de los rayos de la luna pude distinguir perfectamente que se trataba de una preciosa Cocker-Spaniel raza pequeña de un color dorado que me deslumbraba. Tapó sus ojos con sus largas y preciosas orejas, aun no se si por timidez o por miedo. Me presenté. Fui hasta el “Comedor comunitario” que nos prestaban los amables camareros de aquel restaurante y le acerqué las sobras de un filete ruso y algo de pasta.
Ya era veinte de Diciembre y a pesar de haber pasado casi un mes desde la muerte de mi ama, no podía alejarme de la pena que me causaba su ausencia. Aquella noche, con pequeños copos de nieve empezando a caer, Duquesa se acercó a mí por primera vez y me contó con la voz más dulce que jamás había escuchado su historia. Simplemente una caprichosa niña se cansó de ella y la dejaron abandonada en la autopista. Veía como el sueño la vencía y una vez dormida le puse un cartón encima arrastrándolo con mis dientes y acaricié su morro con el mío. Aquella noche, bajo la nieve, decidí salir a dar un paseo. En apenas dos manzanas de allí encontré a un anciano bien vestido tumbado, y ladré con todas mis fuerzas, colocándome sobre él para darle calor. Asistí asombrado altrasiego de gente sin inmutarse y me sentí afortunado por ser perro. Finalmente una chica llamó a los servicios de emergencias y ellos, creyendo que era mi dueño, me llevaron en la ambulancia con él. Al rato de estar en el hospital, un hombre de unos cuarenta años se acercó a mí con lágrimas en los ojos:
-Así que tu eres el héroe que ha salvado a mi padre ¿He? Eres todo un valiente amigo, espérame aquí y ahora vendré por ti.
Cumplió su palabra y mientras me subía a su coche me explicó que a su padre le había dado un infarto pero que gracias a mí todo se había quedado en un susto. No dejaba de acariciarme con sus suaves manos. De camino a donde quiera que fuésemos nos fuimos acercando al callejón donde estaban mis amigos.Ladré con todas mis fuerzas, arrañando los cristales del coche. Él paró en seco, y se dejó guiar por mí mientras tiraba de su gabardina. Cuando llegamos junto a mis amigos y a mi preciosa Duquesa, lo entendió enseguida. Con una generosidad desconocida nos metió a todos en el coche y proseguimos camino. Paro el coche en una enorme casa, y nos hizo bajar a todos. Como a Duquesa le costaba, la cogió en brazos, donde duró poco ya que una pequeña niña de unos ocho años se la arrebató en cuanto pudo. Nos puso a todos de comer y pasamos la noche al amparo de la chimenea. Al día siguiente nos enteramos de que era veterinario, y que se llevaría a mis amigos a su clínica para curarlos y asegurarse que terminaban en buenas manos. Cuando vio la tristeza en la mirada de Duquesa y en la mía propia, fue como si de verdad se comunicase conmigo, duquesa y yo nos quedaríamos allí con él. Esta navidad es para mi una de esas en que no podría pedir nada mejor, humanos que se comportan como tal, y la mejor compañía canina que podía desear, mi Duquesa.
Besos¡¡
17 noviembre, 2011
LA CANCIÓN SILENCIOSA 4ª PARTE
(…) Tras cerrar la cortina color celeste tras su espalda, Ana cayó derrotada en la cama. No podía dejar de llorar, pero tampoco sabía a ciencia cierta porque lo estaba haciendo. Unos leves toques sonaron en la puerta de su habitación, abriéndose poco después. Era Rosana, su madre, que le invitaba a bajar a tomar un poco de leche caliente. Siempre había sido una madre atenta y cariñosa, sabiendo respetar y amar a su hija del mismo modo e incondicionalmente. Cuando la vio llorando sobre la cama, su corazón se partió en dos.
-¿Que te sucede hija? ¿Te has enfadado con Lorena?- Le preguntó preocupada y con el corazón encogido, su voz era tremendamente suave.
-No mamá, no es eso, pero ahora no puedo hablarte de ello.
En aquel momento Rosana no lo dudó un instante e hizo algo que Ana jamás olvidaría. Abandono la habitación de su hija silenciosamente y con muchísima cautela cruzo la puerta de su casa hasta llegar a casa de Lorena. Una vez allí les pidió personalmente que a sus padres que dejasen dormir aquella noche a Lorena en su casa. Estos accedieron rápidamente, pues siempre les había unido una gran amistad. Ana no se había percatado de nada. Una vez de vuelta en casa de Ana, Lorena se dispuso a subir rápidamente los escalones que la separaban de la habitación de su inseparable compañera. Entro sin siquiera golpear la puerta. Su amiga seguía tirada en la cama, llorando desconsoladamente. Cuando Lorena se sentó junto a ella se fundieron en un abrazo.
-¿Qué ha pasado?¿te ha hecho algo Javier?
-Al revés.- contestó Ana entre sollozos- soy yo la que lo ha puesto a parir, y aun no se porque. Es que me da mucha rabia no poder olvidar que me rozase la mano, es como si desde aquel momento lo viese diferente.
-¿Pero que le has dicho?
-Uf… le he dicho que es un culo, que no sabe jugar a fútbol que solo le gustan las niñatas pintarrajeadas que le lamen el culo porque es popular y no se cuantas barbaridades más. Pero lo que de verdad me da rabia es que también le he dicho lo mucho que me gusta… y ahora pensará que soy una autentica imbécil.
Ana limpiaba sus lágrimas mientras hablaba, pero poco a poco se iba recuperando de su desconsuelo. Sonó un mensaje en su móvil. Decía: “Solo quería darte las buenas noches, y decirte que esta noche a sido maravillosa. Por cierto no he podido olvidar tu mirada desde el día del parque. Descansa”. Cuando las dos leyeron aquello el ambiente se relajó aún más, no solo no le había molestado el sermón que le había echado en la disco, sino que parecía intentar ser lo más amable que podía.
-Quizás el también sienta algo por ti…- Dijo Lorena.
-Si hombre¡¡ con la de niñitas perfectas que se le acumulan al andar.
-Bueno, creo que se te olvida que yo tengo información de primera mano.
-Perdona, he sido una egoísta. ¿Qué tal Marcos? Parece que la cosa va bien.
La cara de Lorena se iluminó como un semáforo en rojo, y su cabeza volvió a agacharse. Casi susurrando le contó a su amiga:
-Hoy me ha besado por primera vez, pero solo un piquito he??
-Vamos que estáis oficialmente saliendo ¿No?
-Creo que si, hemos venido todo el camino de la mano. Hablamos mucho y entre otras cosas de Javier y de ti…
-Cuéntamelo todo, porfa ¡¡¡
Rosana volvió a aparecer otra vez en la habitación, esta vez con sendos vasos de leche caliente y unos deliciosos bollos. Ana la llamo dulcemente con la mano para besarla y abrazarla, sabía que siempre podía contar con ella en los buenos y malos momentos. Las chicas dieron buena cuenta de la bandeja que les había subido Rosana y tras acabar con las existencias retomaron su conversación. Ya no había lágrimas en sus ojos, tan solo emoción e intriga.
-Bueno, Marcos me ha contado que desde que Javier estuvo contigo en el parque no ha vuelto a ser el mismo. Esto no se lo cuentes nunca a ninguno de los dos ¿Vale?- las dos unieron sus yemas de los dedos corazones, a modo de pacto- Porque según le ha contado Javier, le gustas mucho, y no se puede olvidar de tu mirada, que le pareces la chica más dulce que jamás a conocido…- Sonó un mensaje en el móvil de Lorena.
El mensaje era escueto y tímido, como el remitente: “Aun siento tus labios encima de los míos, creo que esta noche soñaré contigo. Me gustas mucho”. Las chicas rieron, y a Lorena los ojos le brillaban más que nunca. Había sido su primer beso y ella también lo tenía constantemente en su mente, degustando cada una de las sensaciones que le había dejado a su paso. Su amiga le sacó rápidamente de sus ensoñaciones.
-Sigue contándome. Vamos no pares. –Rosana tras la puerta de la habitación sonreía al ver que su hija ya no lloraba, dejo la recogida de la bandeja para otro momento.
-Según Marcos, está pillado por ti… y la verdad es que yo creo que tu te has pillado por él… pero eres tan orgullosa y cabezota.
-Hemos quedado mañana en la bolera, pero la verdad es que no se si ir… tengo miedo.
-¿Miedo? Vamos, no puedes dejarlo allí esperándote como si fuera idiota. Te puedo asegurar y es lo último que te cuento ya hoy, que él está tan nerviosos como tu. Además, no estaréis solos, yo y Marcos también iremos.
La voz de Rosana sonó a lo lejos: “Chicas ya es hora de dormir”.
Tras ponerse ambas el pijama se metieron en la cama y se abrazaron. Sabían perfectamente en que pensaba la otra, y por eso las dos sonrieron al mismo tiempo. La cita del día siguiente podría representar muchos cambios en su vida, y la mayoría se les presentaban como fantásticos. Les respondieron a sus sms ya metidas en la cama, abrazando sus móviles como si fuesen las manos de ellos.
En la otra punta de la cuidad Javier y Marcos ya se había cruzado entre ellos más de diez sms, los dos estaban nerviosos y un poco aturdidos. Pero finalmente, y con escasos minutos de diferencia el sueño les venció a todos, sin saber entre ellos que la última mirada de cada uno de ellos había sido al móvil
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