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01 marzo, 2012

ENTRE LUCES Y SOMBRAS

                                    


(…) Cuando empecé a recorrer aquel viejo camino lo hice de manera absolutamente consciente de que sentiría el mismo miedo y angustia, pero con la confianza que me proporcionaba la experiencia de haberlo vivido antes. No más segura, pero si más fuerte. Esta vez había decidido empezar mi camino de noche, con la poca valentía y ya sin lágrimas en los ojos. Cada uno de mis pasos, se confundían con ese tétrico olor a humedad entre la niebla que creía cegarme y confundirme, cuando en realidad lo único que hacia era indicarme con más claridad el camino. No esperaba nada de nadie, me tenía a mi misma y era cuanto necesitaba para enfrentarme a mis propios demonios, aquellos que me habían asaltado durante miles de noches. Pero esta vez iba yo en su búsqueda, sin titubear, sin que mi amor propio se viese alterado, sin dejarme pisar por nada ni nadie. Mis largas uñas atravesaban las telarañas que querían cubrirme por momentos, las rompían sin piedad, porque en esta ocasión ya no me iba ha dejar manipular. Tras mas de dos horas caminando despacio mi respiración se había vuelto mucho más pausada, el aire que penetraba en mis pulmones era más limpio, y me proporcionaba más fuerza para continuar mi camino, que antes estaba minado. Durante unos minutos me recosté en un árbol, y me limité a escuchar el sonido del viento y dejar que me helase la cara, y una sonrisa se dibujo en mi rostro. Si, estaba sola pero me sentía tremendamente acompañada, debía ser que me había dado cuenta de que no dependía de nadie, tan solo de mi misma para avanzar en aquel camino que me llevaba a mi misma. El aroma de la maleza se incrustó en mi ropa y en mi piel, como limpiándome de tanta maldad que había tenido que soportar. Continué mi travesía en aquel incierto camino, sabiendo que de antemano que notado lo que parece bueno lo es, ni tampoco todo lo que parece malo ha de serlo. Cuando se tiene clara la verdad, lo demás son fabulas que tiene que inventarse la gente que no tiene agallas para reconocer su propias limitaciones, e intentan envenenar con ello a los demás, para así no sentirse solos ante su propia desgracia… la de no ser personas.
La luna me observaba mientras mis pies ahora descalzos sentían tras muchos años la libertad bajo sus pies, y me zarandeaba susurrándome que los corazones limpios viven más y mejor que los podridos…

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