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26 enero, 2011

MAMA, TE QUEREMOS


Este cuento lo he hecho en especial para Loli, una valiente mujer que finalmente no pudo superar una grave enfermedad. Creo que la ayuda incondicional de sus dos hijos, que son maravillosos y su marido hizo de sus últimos años de lucha una verdadera leccion de familia y amor. Animo Paco, saldréis adelante, y tienes una maravillosa compañía para luchar cada día más… estará contigo brindando cuando haya mil ocasiones importantes en vuestras vidas, porque en vuestro corazon jamás se apagara su presencia. Besos amiga Raquel y gracias por pedirme este cuento , mediante el cual vamos a intentar honrar la memoria de Loli, porque lo merece. Besos.

Jorge y Noelia, siempre han sido unos niños tranquilos, que por la cercanía de su edad se han llevado todo lo bien que se pueden llevar los hermanos, exceptuando las típicas broncas por aquel o este juguete.
Hace un año, su madre empezó de repente a estar muy cansada y el mayor Jorge, de once años, empezó a preocuparse en privado por ver como su madre se cansaba tan rápido. La pequeña, Noelia de nueve años, no dejaba de preguntarle a su hermano porque su madre estaba tan cansada. Los pequeños le preguntaban frecuentemente a su Padre Paco, pero el no le daba importancia, no quería preocuparlos. Seguía haciendo cada día las mismas cosas, solo que a un ritmo más lento, pero sus hijos sabiendo que aquello no era lo habitual, la ayudaban en todo lo que podían, para que su madre no se viese tan cansada.
Un jueves por la tarde, cuando los pequeños volvieron del cole se encontraron a su madre desfallecida en el suelo del comedor, horrorizados la pequeña empezó a llorar y Jorge llamo de manera inmediata al 061, algo en lo que le había insistido mucho su madre últimamente, siempre le decía; “ si sucede algo y no esta papa, llama al 061 hijo”.
 La ambulancia llego rápidamente, los dos pequeños iban en la parte de atrás, con su madre, el pequeño con la cara sobre el regazo de su madre, que recobro la consciencia al poco, y el grande agarrándole la mano. Cuando llegaron al hospital, un chico con un traje blanco les dijo que esperasen en una sala. Al poco rato llego una mujer, que les traía un poco de leche.
-¿Dónde esta mi madre?- pregunto Jorge- por favor señora, ¿que le pasa?
-Tu mama esta enferma, pero el medico esta con ella, no te preocupes, ya veras como la cura.
-Pero yo quiero verla, es mi mama.
-Cuando el medico os deje entrar podréis verla, ahora os dejo aquí unos colores y unos folios, haber si me hacéis un bonito dibujo. No os mováis de esta sala ¿Vale?
El niño no se quedo nada contento, cogió los lápices de colores y se pudo a pintar mientras su hermano se quedaba dormido en el sofá de la sala. Llego su padre con cara muy asustada y les pidió que se quedasen allí, Jorge no podía dormir, pero vigilaba que su hermana no se despertase. La chica volvió al mucho rato, les dijo que podrían ver a su mama a través de un cristal, pero los pequeños se pusieron muy contentos. Una vez frente a ella, Noelia le puso sobre el cristal el folio que habían estado escribiendo en la sala, en el tan solo se podía leer en letras grandes y de colores: “MAMA, TE QUEREMOS”. En ese momento entraron sus abuelos por la puerta, venían desde muy lejos. Los dos niños se abrazaron a ellos. La abuela se los quería llevar a casa, pero Pablo no quería, no sin su madre. Finalmente, y tras mucho esfuerzo por parte de la abuela, los niños se fueron de allí, pero eso si con la promesa de que volverían al día siguiente. Pero el tiempo pasaba y la mama no mejoraba y los niños veían poco a poco una mama más cansada, pero siempre sonriente, sin pelo, y mucho mas delgada, pero los niños ni tan siquiera se fijaron en eso, nada era tan importante como abrazarla.
-Estoy muy fea… ¿Verdad hijos?
-Tú siempre serás la más guapa mama, siempre.

La enfermedad de su madre fue un gran monstruo que al final le gano la batalla, pero lo que no les quitaría jamás seria sus recuerdos, tantas risas, y su tacto… el que seguro algún día verán reflejado en sus propios hijos y nietos.
Hoy siguen luchando juntos, por el bien de Paco, para que se de cuenta de que aunque ella se ha ido, jamás los ha dejado. FIN




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Un beso.

19 enero, 2011

UN GOLPE DE SUERTE

Este es el cuento para adultos que más me ha costado escribir, por dos razones básicas, primero porque no conozco a la protagonista más que por el libro que ha escrito su pareja, y dos porque su vida ha sido un infierno e intentar suavizar eso con un cuento es difícil. Pero bueno, al final me tiré a la piscina y le hice un cuento a "Montse", la pareja de Roberto Martínez Guzmán, el autor de "Cartas desde el maltrato", en quien lo personalizo. Es una manera de darle las gracias por sacar a la luz una obra tan importante en todos los aspectos. Mil felicitaciones a los dos y os deseo la mejor de las suertes. Espero que os guste Roberto. Besos.

Quizás había aprendido momentáneamente a vivir asustada, pero su imaginación seguía intacta, con esas pequeñas cosas que la convertían en una niña, con sentimientos casi por estrenar. 
Todo cuanto la acompañaba a diario se volvía humo en su mente, porque no quería jamás quedarse con lo malo, tan solo recordar los buenos momentos, por muy lejanos que quedasen estos. Desde su ventana tenia ahora la suerte de poder contemplar la naturaleza, los pájaros, y esos rayos de sol que durante tanto tiempo atrás le habían sido negados. 
Y ahora sonríe porque sabe que, a pesar de su fragilidad interior, esta viva y esa es su gran batalla ganada y que todas las que vengan detrás serán simples anécdotas que superar.
Ahora, cada vez que coja entre sus manos las tuyas se dirá así misma que tuvo un gran golpe de suerte al encontrarte, que todas la calamidades sufridas hasta  ese momento fueron tan solo un mal recuerdo que la ahogaba, pero que ahora se siente libre cuando mira hacia fuera a través de los cristales que tantas veces le fueron negados, de las sensaciones que de manera continua le fueron arrebatadas tras una falsa excusa de amor. 
Si, Montse, ahora ya libre de alma, aunque no de cuerpo, vuelve a soñar con el aroma de las flores recién cogidas, de unos brazos honestos que la abracen mientras duerme, de poder mirar a los ojos a cualquiera y no sentirse culpable por existir. 
En aquellos años había aprendido que si algo valía la pena, estaba en su propio interior y que si ponía empeño en mantenerse intacta, nadie podría desgarrar sus sueños y arrebatárselos.
Y hoy en día, mira sus manos y su cara, y sonríe por dentro, pues sabe que toda su pesadilla quedo atrás y que excepto algún arañazo ocasional, su esencia había quedado intacta, manteniéndose fiel a sus principios y desde luego, retomando su vida desde esa perspectiva de niña que aun le queda. 
Quizás no pueda salir de casa físicamente, pero su imaginación la hace volar a miles de lugares recónditos, de tu mano, con vuestros pensamientos.
Tras muchos golpes, el mejor desde luego fue el último, un precioso golpe de suerte por encontrarte en su camino.
Juntos llegareis allí donde os propongáis, de la mano, caminando fuerte ante todo y todos, porque si alguien lo merece sois vosotros. FIN 




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OJOS DE LUZ

Este cuento lo hice especialmente para una gran mujer llamada Espe Fonrodona, porque es una luchadora nata, porque a pesar de que su vida no es nada fácil ha conseguido mantenerse firme tras flaquear en muchos momentos. Fue una de mis primeras amigas en Facebook y desde entonces nos une una bonita amistad. Gracias por estar ahí siempre. Besos

Cuando naciste decidieron llamarte Esperanza, por todo aquello de lo que habías llenado a tus padres, de esperanza, luz y felicidad.
Toda tu infancia fuiste colmada de un amor incondicional que hacía que tus ojos trasmitiesen esa inmensa bocanada de felicidad a cuantos te rodeaban. Creciste y poco a poco, y a pesar de las caídas, te distes cuenta de que tu mirada conseguía sacar siempre ese pequeño brillo adelante.
Ya de joven, tu sensibilidad te llevó siempre por el buen camino, o eso es lo que pensabas. Tu inocencia se rompió el día en que tu amor se vio truncado al comprobar que el hombre al que tanto amabas no era el que pensabas, era tan sólo una imagen ficticia que fue cayéndose poco a poco. Pero tu sonrisa se vio bendecida por tres pequeños ángeles que se convirtieron en tu vida, que te hacían olvidar todo lo malo al instante con cada una de sus sonrisas,  pero de lo que quizás nunca fuiste consciente es que ellos también respiraban vida con cada una de tus caricias, de tus besos.
Y ahora te disfrazas de guerrera, secando tus lágrimas, pues el miedo no puede invadirte, tus pequeños esperan esa sincera sonrisa.
Cada vez que te mires al espejo, piensa en quien eres, en todo cuanto tienes y en todo cuanto deseas, pues la fuerza de los deseos es imparable.
Has conseguido mantener tu escudo intacto, no lo tires ahora, no cuando aun quedan inocentes por rescatar de esas altas torres donde los alejan de ti.
Al igual que tu, ellos cada noche pensarán en ti, buscándote, recordando el halo de luz que veían en tus ojos cada noche, añorándote.
Piensa en que te diría tu padre: “hija nunca dejes de luchar porque eres fuerte” y, sabes, tiene razón, tan sólo recuerda cada conversación que mantuvisteis, cada regañina que te dió por ser tan ingenua, y cada abrazo que te hacia sentir protegida, nadie podrá romper jamás tus recuerdos ni tu lucha si mantienes la mirada en alto, fija y compacta, con unos objetivos claros y directos. No hay mayor amenaza que las que nos crea el miedo que nosotros mismo fabricamos y acrecentamos.
Fíjate en tu alrededor, tienes amigas, familia, gente que te quiere… y ese es tu ejército, el más grande del mundo, el que te hará triunfar. Tan sólo te pedimos a cambio, que tu mirada nos siga iluminando a cada paso y nos muestre el camino hacia tu corazón, lo demás vendrá por si mismo, como el viento, lento pero seguro. FIN.


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18 enero, 2011

EL ROBO DEL ÁNFORA DE TUTANKAMON

Este cuento me lo pidió C.P. y pongo sólo las iniciales por expreso deseo de la peticionaria, pues este cuento lo realicé intentando ayudar a su hijo de 16 años, aquejado de una enfermedad mental que le produce unas reacciones violentas extremas incluso con su madre y demás familiares. La mayor pasión de este chico, cuya edad mental no se corresponde a su edad real, es Egipto y Tutankamon en especial, así que quise que mediante su héroe viese que la violencia no es el camino, jamás. Quizás viéndolo desde este punto de vista este chico, que tiene un fondo bondadoso, aprenda a controlar esa ira. 
Besos y mi máximo apoyo C. , ya sabes que os quiero. 
Rafa, que nadie te manipule cariño.


Año 1333 a.C.

Sobre una ladera se estaba terminando de construir el inmenso templo sagrado del Faraón Tutankamon, que hacía ya un par de años que había ocupado el lugar desde el que su padre había echo tanto daño al pueblo de Egipto. Tras la posesión del trono de su hijo Tutankamon, el pueblo de Egipto había evolucionado mucho y bien. La gente no era tratada cómo animales, se construían muchas más pirámides y el pueblo ya no pasaba tanta hambre y miedo, aunque todo el mundo le tenía un respeto sublime al que se había convertido en su emperador más inteligente y emprendedor. Cuando Tutankamon decidió su traslado a su nueva y enorme pirámide, se dio cuenta de que de sus aposentos reales había desaparecido una ánfora hecha a mano por su madre, así que de manera inmediata llamó a sus más fieles lacayos a los que consideraba verdaderos amigos, siendo el principal de estos Rafa, de 17 años, a quien el Faraón tenia en alta estima. Con voz profunda, pero tranquila les informo:
-  Queridos amigos, necesito vuestra colaboración para encontrar y castigar de manera justa a un ladrón que se encuentra entre nosotros.
-  Señor, ¿quién osaría robarle?- le dijo Rafa- le daremos caza y se lo traeremos señor, no le quepa duda.
-  Bien, espero que la espera no sea larga, y que la persona que pongas frente a mi sea sin lugar a dudas el culpable del robo, en tus manos lo dejo.
-  No le defraudare, señor- dijo Rafa reverenciándose ante el faraón. 
El faraón le dio permiso a Rafa, y a sus propios lacayos, para pasearse por toda la pirámide en busca de pruebas. La primera gran incógnita era saber como había conseguido entrar el ladrón, ya que por la puerta principal le hubiese sido imposible pues estaba fuertemente vigilada. Fueron hasta la sala principal, donde por ser la sala privada del faraón casi nunca había más de un guardián. Cerca de la puerta y sin ser apenas visible, Rafa se dio cuenta de que había una estela de polvo que se adentraba a la habitación, y siguiéndola llegó hasta una pared de piedra que mostraba resquebraduras recientes. Llamando a sus lacayos, Rafa hizo que sacasen aquella inmensa piedra, tras la cual se escondía un enorme túnel. El joven se adentró en el túnel seguido por los otros jóvenes. Tras sus antorchas quedaban los aposentos del faraón. Finalmente llegaron a una especie de cuchitril donde tan sólo había un camastro y viejas ropas. Esperaron pacientes a que llegase su dueño para pillarlo con las manos en la masa. Debieron pasar cerca de dos horas cuando se escuchó el caminar de alguien por el pasillo, lento y pausado. Rafa y sus lacayos tomaron posiciones para apresar al ladrón. Según entró el dueño de los harapos allí esparcidos, fué detenido y el ánfora ya puesta a buen recaudo. Rafa pidió audiencia con el faraón para entregarle al ladrón.
-  Pasad amigo, y darme las buenas nuevas de tu investigación- le dijo el faraón con su recia voz.
-  Señor, hemos encontrado al ladrón, y le quería hacer entrega de su ánfora, la cual he cuidado como si fuese mi propia vida.
- Perfecto, Rafa, sabía que no me fallarías. Presentadme al osado que se ha atrevido a robar una pieza tan importante cómo ésta.
Los lacayos de Rafa hicieron entrar a empujones al ladrón, el cual se hincó de rodillas en el suelo en un gesto de respeto.
Rafael saco su cuchillo y lo puso sobre el cuello del ladrón.
-  Rafa, eso no será necesario, vuelve a guardar ese cuchillo.
-  Pero señor, este individuo a osado robarle- espetó Rafa sorprendido.
-  Si, ya lo se, pero su acción no debe hacer que las nuestras sean peores. Dejadle suelto y su propia conciencia no le dejara vivir tranquilo el resto de su vida.
-  No entiendo, amo.
-  Te lo explicare Rafael- le dijo el todo poderoso Tutankamon. Si en este trono siguiese sentado mi padre, el pobre infeliz que me habéis presentado hubiese sido ejecutado de inmediato, pero si te das cuenta desde que yo dirijo Egipto las construcciones se han multiplicado, todo el mundo es más rico, vive mejor y es más feliz… no tienen miedo. Por eso te voy a dar un consejo muy importante, se justo con los demás y la vida será justa contigo. Jamás dejes que los demás te digan lo que debes hacer, debes ser lo suficientemente sabio cómo para tu mismo tomar tus propias decisiones, y honra siempre a tu memoria recordando quien te dio la vida. Rafael salió de allí aturdido, pero a los pocos días había entendido que aquel consejo era el más sabio que en su vida oiría, ya que si se tiene toda la información uno puede ser justo, pero cuando la información sólo viene de una vía, jamás se llega a saber la verdad, pues tan sólo conviene ver lo que nos indican ver. A partir de aquel momento, Rafa sopesó cada una de las acciones de su vida, sabiendo que todo cuanto hacia le llevaba por un camino o por otro, que tan sólo debía pensar en cual era el camino que debía seguir, y finalmente decidió ser justo y honrado, camino que le llevo a ser el ayudante personal del gran Tutankamon durante toda su vida, sabiendo que su amo seria por los años de los años conocido como el faraón más inteligente de la historia. FIN.


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Un beso.

EL PEQUEÑO VIAJE

Este cuento me lo pidió directamente una niña, Lorena, que pasaba una situación difícil en casa, en parte creada por la crisis financiera que atraviesa este país, me lo pidió con la intención de hacérselo llegar a sus padres, para que la comprendiesen mejor, y me pareció una idea estupenda, ya que los cuentos enseñan valores a los niños pero también a los adultos, a los padres. Así que se lo hice y, al poco tiempo, la pequeña me escribió contándome que las cosas habían mejorado mucho en casa. No hay mayor orgullo que el de sentirse útil cuando una niña te necesita. Gracias a todos/as las niñas que aun tienen iniciativas como estas. 
Un beso Lorena.



Casi cada día Lorena, una aplicada niña de 11 años, vivía la misma situación en casa. Su madre todo el día malhumorada, su padre sin aparecer hasta la noche y generalmente gritando, y tras la cena le tocaba escuchar los llantos de su madre y el refunfuñar de su padre a lo lejos, sin poder cerrar los ojos hasta que se hiciese el silencio, abrazada a su intimo amigo Chosi, el peluche ganado en una feria por su abuela. 
Pero un viernes por la tarde-noche, mientras sus padres discutían cómo siempre, Lorena dejó de querer esperar a que se hiciera el silencio y cogiendo a su pequeño oso, decidió no aguantar más aquella situación, pues parecía ser invisible a los ojos de sus padres cuando ésto sucedía. Y, a pesar de pasar por delante de ellos para abrir la puerta y salir a la calle, nadie se percató de su huida.
Una vez en la calle, y metiendo su osito dentro de su abrigo, decidió que queria vivir en una casa sin chillidos ni lloros, con una madre que le hiciese mimos y un padre que sacase tiempo para jugar con ella, como tenían todos los niños y se encaminó calle abajo buscando esa supuesta familia que creía debía encontrar para ser feliz.
Mientras, en su casa, su madre y su padre, aun enzarzados en una discursión, no se habían percatado de la falta de su pequeña.
Lorena iba pasando calles cada vez menos pobladas, y el miedo empezaba a hacer mella en ella. Era una noche muy fría, así que decidió resguardarse del frío en una pequeña caseta que había en el parque, esperando a que sus nuevos padres la viniesen a buscar. Pero pronto se dió cuenta de que echaba de menos a los suyos. 
- Ojalá no gritasen tanto y nos quisiéramos más- pensó la niña para si.
Habían pasado más de dos horas desde la marcha de la niña, y fue entonces cuando los padres echaron en falta su presencia. Alguien llamó a la policía, y cuando estos llegaron nadie parecia aclararles nada, los padres estaban más preocupados de echarse la culpa el uno al otro que de encontrar a su propia hija. Uno de los policías allí presente puso fin a la discursion de manera tajante:
- ¿Pero que les pasa? Están aquí discutiendo quien es mejor o peor padre mientras su hija sigue ahi fuera, con una temperatura de cuatro grados y seguramente muerta de miedo. No se como no se les cae la cara de vergüenza señores, nunca he visto un caso igual de falta de respeto a un hijo- les dijo visiblemente enfadado.
Mientras en su casa sucedían estas cosas, Lorena seguía en la caseta del parque, pero ahora llorando porque escuchaba ruidos raros, animales que no conocía y la oscuridad empezaba a asustarla. Empezó a llamar a sus padres entre lágrimas, pero estos no aparecían.
Se puso en marcha un dispositivo enorme en marcha para buscar a la pequeña, rastrearon baldosa por baldosa, calle por calle, hasta que cerca de las seis de la mañana se adentraron en el parque. Los policías allí destinados oían un llanto lejano, y poco a poco se fueron acercando a la pequeña caseta que había resguardado a la niña en su pequeña aventura. Un policía alargó la mano y la invitó a salir, pero la niña era reacia a hacerlo.
- ¿Por qué te has escapado pequeña?- le pregunto el policía- nos has dado un gran susto a todos.
- No quiero escuchar más gritos, no quiero cenar sola, ni que mi madre llore...-
- Estoy seguro, de que si vuelves, podremos arreglar eso con tus padres. ¿Sabes? A veces los mayores tenemos problemas y no nos damos cuenta del daño que os hacemos a los pequeños, pero es sin querer. Seguro que tus padres ni siquiera se daban cuenta de lo que hacian. Ven conmigo pequeña, y te daré un chocolate caliente y una buena manta.
Finalmente la manita de la niña se agarró a la del emocionado policía, quien la llevó a comisaria previo aviso a su padres. Cuando los padres llegaron la niña estaba profundamente dormida bajo una manta térmica. El viejo policía les hizo entrar en su despacho.
- Señores, su hija se ha escapado porque cree que a ustedes les importan más sus gritos y peleas que ella, que no le prestan atención lo suficiente y que su madre se pasa la vida sufriendo. 
La estupefacta cara de los padres se convirtió en una terrible mascara de culpabilidad, quizás si que habían dejado de lado a su hija, porque tenían algunas deudas pendientes, porque el trabajo escaseaba, porque la vida en vez de irle dando parecía ir quitandole.
- Señores, les aconsejo que crean de veras que su mayor problema es su hija, y que perderla sería lo peor que pudiera pasarles, sin poder comparar esa desgracia a ninguna otra. No se centren tanto en el trabajo, todos los problemas tienen al final una solución, pero la felicidad de su hija está ahora en sus manos y esa tan sólo la tienen ustedes. Por favor, no dejen que su hija se sienta sola y olvidada, y si de verdad se aman, traten de no darle otra impresión a su hija con sus constantes discursiones, no desperdicien la vida pensado en lo que podrían tener, sino disfrutando de lo que tienen, en especial de esa pequeña belleza que duerme en ese pequeño sofá.
A partir de aquel día todo fue mucho mejor en casa de Lorena. Los problemas no desaparecieron, pero se tomaron medidas para atajarlos. Ya no se escuchaban gritos y cada noche cenaban todos juntos, como una familia. A veces los niños nos piden tan poco que ni tan siquiera reparamos en ello. FIN.




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Un beso.

EL CAMPO DE AMAPOLAS

Este cuento me lo pidió Alejandra Puig, tras el reciente traslado de ciudad de su marido por causas laborales, carpintero de profesión, quiso tener un cuento que le recordase a ella y a su hija todos los valores que él les  inculca y la bondadosa personalidad de su  marido y padre, por eso hice que éste cuento significase algo especial para ella y su única hija Lucía, como un homenaje a la gran persona que es su padre y marido. Besos para los dos.


La pequeña Lucía miraba embelesada a su padre mientras fabricaba sus pequeños muebles de madera, impaciente tras la propuesta de su padre de hacer un pequeño viaje esa misma tarde. A sus apenas 10 años se había convertido en una pequeña muy curiosa y miraba cada una de las situaciones que se le presentaban más cómo un reto que cómo una simple vivencia. 
- Vamos papá, ya no quiero esperar más. 
- Ves junto a tu madre y pregúntale si nos ha preparado algún tipo de comida para pasar el día. ¿Quieres hija?- replicó el padre con una tranquilidad pasmosa ante la insistencia de la poco paciente niña. 
Vió salir a su hija corriendo del taller colindante a la casa, gritando ya desde la misma calle a su madre. Pero su madre ocupada en tender la ropa en la parte de atras de la casa no la escuchaba. 
- Mamá, llevo un rato buscandote- exageró la niña- papá quiere saber si nos has preparado comida para la excursion de esta tarde. 
- Claro que si, pero no andes corriendo de un lado de la casa al otro, porque corriendo no conseguiras que el tiempo vaya más rápido, y quizás si consigas caerte en el camino. 
-Gracias mamá, se lo diré enseguida a papá- contestó la pequeña besando a su madre tras abrazarla. 
La pequeña, sin hacerle demasiado caso a su madre, volvió a recorrer la casa a toda velocidad, esperando que su padre ya hubiese acabado su labor. Lo encontró dentro de casa, lavándose las manos  para partir en el viejo coche familiar. Ambos besaron a la mujer mientras cogían la cesta preparada para sus "reservas de comida" y partieron. La carretera estaba muy seca y la polvareda que levantaba el coche era una espesa nube que apenas dejaba a la niña ver el paisaje que les rodeaba. 
- ¿Dónde vamos papá? venga, dimelo, porfa..- insistia la pequeña ante la sonrisa de su padre- dame una pista...  
- Cuando lleguemos te darás cuenta enseguida cariño, ten paciencia.

Llegaron a la ciudad poco después, y la niña enojada le replicó a su padre. 
- Papá, aqui hemos estado mil veces, esto no es ninguna sorpresa.- sus muecas de enfado despertaban las carcajadas de su padre- a mi no me hace gracia.. me has engañado, me prometistes ir a un sitio especial, lleno de color y no se cuantas cosas mas .. y aqui estamos, en el mismo sitio de siempre.. aqui no hay nada nuevo que ver... 
- Mi niña, a veces, deseamos ver mil lugares sin fijarnos si de verdad hemos observado bien a nuestro alrededor.. porque tal vez en los sitios donde crees haber estado mil veces quedan pequeños lugares por explorar. 
Esa explicación no dejó para nada satisfecha a la niña, que ya de aquellas estaba directamente malhumorada. Bajaron del viejo coche y del maletero su padre sacó una pequeña mesa plegable. se dirigieron a un edificio pequeño y destartalado en medio de la ciudad, del que nunca se había percatado Lucía.Entraron tras el chirriar de unas viejas puertas roidas por la humedad y los gatos nocturnos que les acechaban. tras rebasar el umbral, un grupo de unos diez niños de todas las edades se pusieron a corretear a su alrededor chillando. 
- Papá, estos niños van a ensuciar mi vestido.. diles que me dejen en paz, están sucios...- se quejaba lucía. 
- Vamos hija, tan sólo están contentos por vernos por aqui.. no seas tan desagradecida. 
De entre aquella nube de niños y lloros de bebés salieron dos mujeres, una de ellas de cierta edad, intentando poner orden, la otra mucho más joven, mirando a los niños embelesada. 
- Buenas tardes Sr.Daniel, su presencia honra nuestro pequeño hogar.- la niña se quedó asombrada del respeto que le proferian a su padre en aquel lugar- quizás seria mejor que su pequeña se fuese con Maria hasta el patio exterior.. no lo cree usted? 
- Si, Sra. Isabel, quizás sea lo mejor. 
Lucia notó como una mano muy suave la adentraba en aquella vieja casa y en su oscuridad. llegaron a una sombria habitación donde había unos cinco bebés apilados en otras cicno cunas, durmiendo placidamente. La curiiosidad de Lucia no podía esperar más. 
- Oiga, cuantas familias viven aquí, porque hay muchos niños, demasiados quizás.
- Pequeña, aqui estan todos aquellos niños que han perdido a sus padres por alguna causa en la vida, intentamos que lleven una vida lo mas normal posible, pero al no tener las suficientes ayudas por parte del alcalde, dependemos de la caridad de la gente... y es muy escasa para tantos niños, sinó hubiese sido por tu padre estos bebés no tendrian cunas y ni tan siquiera dispondríamos de mesa para comer, la verdad es que tu padre ha fabricado cada uno de los muebles que tus ojos alcanzan a ver, y sin ningún interés por su parte... es un hombre excepcional. 
La pequeña de repente se sintió miserable por las miles de noches que le había reprochado a su padre que trabajase tanto... porque quizás estaba inmerso en proveer a aquellos niños de una vida un poquito mejor. Mientras se alejaba de su padre, veía como los ojos de aquel tenían una bondad especial en ellos. Antes de llegar al siniestro "parque" de juegos exterior pasaron por una habitación semicerrada donde se adivinaba la figura de una niña con una larga trenza. Lucía se quedó paralizada ante la puerta. 
- ¿Qué le pasa a esa niña?-le pregunto a Maria- ¿Porque está´ahí sola? parece muy triste...- 
- Es Carmen, tiene 11 años y sufrió un accidente de trafico con sus padres, se quedó sola y sus piernas no pueden caminar. 
Lucía, impresionada, cruzó la puerta de la habitación, dejando entrar un poco de luz del pasillo. La otra niña ni se inmutó. estaba mirando fija un cuadro que tenía en la pared. Lucía se acercó lentamente, casi con miedo. 
- ¿Qué miras?- le preguntó. 
- ¿Has visto alguna vez una amapola? 
- Si, muchas veces...¿quién no las conoce?, crecen en todo el valle, por todas partes. 
- Yo jamás las he visto, porque nunca salgo de esta habitación. 
Lucía de repente sintio una sensación horrible que le obligó a salir precipitadamente de la habitación, topandose de frente con su padre que iba a buscarla. El camino de vuelta a casa fué silencioso, cosa poco habitual yendo Lucía en el coche. Cuando llegaron a la cocina, el hombre entrego la cesta vacia a su mujer, y Lucia entendió que su padre había dejado toda la comida para el disfrute de aquellos pequeños. Aquella noche Lucía soño con que los campos de amapolas ya no existían, con sus piernas paralizas, con aquel horroroso cuarto oscuro .. y se despertó con lagrimas en los ojos. Tras levantarse extraordinariamente temprano, fué hasta el taller donde su padre trabajaba incesante. 
-Papá, ¿Podrías hacerle una ventana a la chica que no puede andar? no es tan dificil papá, no tiene luz, seguro que si viese el sol por su ventana no estaría tan triste... por favor, papá. 
El padre, conmovido ante la suplica de su hija, le prometió que aquel mismo dia abriria una ventana en la habitación de Carmen, así que después del desayuno los dos partieron ante el asombro de la madre, que había visto a Lucía coger unos tarros de membrillo casero de la repisa y otros tantos de mermelada. 
El padre trabajó duro mientras abria la ventana pero finalmente consiguio que el sol trapasase aquellos muros y que la habitación de Carmen se iluminase. A la pequeña se le caian las lágrimas, no podia creerse que finalmente el sol entrase en su habitación. Lucía se acercó a la niña, le miro a los ojos y le dijo: 
- Tengo una sorpresa para ti- Lucía salió despavorida ante el asombro de todos... 
Cuando su figura volvió ha aparecer en el umbral de aquella puerta traía en sus manos un gran tiesto con un buen puñado de amapolas, el cual entregó a la niña diciendole: 
- Cuando mi padre pueda fabricarte una silla que se mueva iremos a uno de verdad, pero de momento podras mirar estas amapolas e imaginarte que estás entre ellas... ¿vale? 
A partir de aquel dia Lucía fue constantemente a aquella casa, ayudando en todo cuanto podía y ya nunca dejó de mirar a su alrededor, descubriendo que si miraba con atención siempre habia cosas bellas en las que nunca había reparado.. eso jamás volveria a pasarle. FIN.





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Un beso.

EL PRIMER BAILE DE LA SIRENITA CAMILA

Este cuento lo escribí a petición de Alicia D´Ottavio, una jovencísima abuela argentina que no podría estar acompañando a su nieta, que vive aquí en España,el día de su cuarto cumpleaños, así que me pidió que le hiciera un cuento especial para que pudiese contárselo por teléfono a su pequeña nieta Camila, me hizo mucha ilusión saber que a la pequeña le había encantado, y que fué uno de sus mejores regalos de cumpleaños, ya que a la pequeña le encantan las hadas y las sirenas. Gracias a Alicia y a Camila por su cariño. 



Cada 4 de enero, en el fondo del mar se celebraba el nacimiento de la pequeña princesa sirena Camila, que apenas sabia nadar.  Pero ese día concreto, la pequeña sirena descubrió que si se esforzaba podía mover poco a poco la colita y dando fuerte a sus manos, su cuerpo podía moverse poco a poco. Nada más despertar, la pequeña princesa sirena le dijo a su madre:
- Mami, ya casi puedo nadar, ya me falta poco.
- Claro que si mi pequeña, ya mismo nadarás tan bien que será cómo si bailases en el agua.
La sirenita estaba muy contenta porque cuando supiese nadar muy bien podría asomarse a la superficie y ver el cielo, tan azul  y brillante. Cada uno de los habitantes del fondo marino estaban preparando la gran fiesta, nadie quería perdérsela, ya que todos querían mucho a su pequeña princesa sirena. Limpiaron el fondo del mar y colocaron una enorme alfombra rosa, llenaron cada una de las ventanas con mil globos de colores e hicieron tartas y juguetes para ella. A pesar de que la pequeña Camila estaba muy emocionada con su fiesta, lo que mas ilusión le hacía era el momento en que llegaba su abuela, Alicia, porque siempre le daba un gran abrazo, el mejor regalo de todos. Se limpiaron incluso las piedras bajo el mar, se preparó una carroza con dos caballitos de mar y las caracolas hacían sonar unas canciones muy bonitas. Los pulpos saltaban contentos. Y los pececitos de colores la entretenían haciendo mil piruetas en el aire. El tiempo pasaba y Camila se impacientaba, porque su abuelita no había aun llegado:
- Mama, ¿Dónde esta la abuelita?- Le pregunto un poco triste a su madre.
- No te preocupes, Camila, estará de camino.
Aun sin estar muy satisfecha, la pequeña tuvo que conformarse con la espera, aunque se le hacia muy larga.
Ya habían sonado las trompetas para que empezase el baile y la abuela Alicia seguía sin aparecer, la pequeña sirena tenia una gran tristeza en su interior, ningún regalo le gustaba tanto como la presencia de su abuelita.
Cuando ya casi había perdido toda esperanza de que llegase, unos brazos la abrazaron muy fuerte y no tuvo dudas. ¡¡Era la abuelita!!. La sonrisa de la pequeña princesa era ahora radiante, tenía todo cuanto podía desear.
-  Abuelita, has tardado mucho- le recriminó.
-  Si, pero tengo un buen motivo.
-  ¿Cuál es  abuelita? ¿Me has traído un regalo?
-  Te he traído el mejor regalo de todos - le contestó.
Y cogiéndola de la mano fuertemente, empezaron a subir agua arriba, lentamente. La pequeña sirena podía ver ya levemente los rayos del sol, y su corazón estaba lleno de felicidad. Con mucho cuidado llegaron a la superficie y la pequeña Camila pudo ver por fin el cielo azul, las montañas, y los colores de la naturaleza.
 - Abuelita, es el mejor regalo del  mundo, es fantástico- dijo la pequeña absolutamente feliz.
 - Eso no es todo, mi pequeñita, la abuela a invitado a unas amigas suyas especiales para que vengan a cantarte el cumpleaños feliz… ¿te apetece verlas?
La pequeña saltaba de alegría, y su abuela con un dulce cantar llamó poco a poco a las pequeñas hadas del bosque, que lentamente y cantándole cumpleaños feliz, le fueron llevando a la pequeña princesa regalos muy especiales, cómo una hermosa rosa, que la pequeña pudo oler cuanto quiso. Las hadas le enseñaron sus polvos mágicos y le prometieron que cuando tuviese dos años más podría ir a jugar con ellas cuantas veces quisiera. Jamás aquella pequeña princesa sirena había recibido un regalo tan maravilloso, pero el sol se estaba escondiendo y no podían dejar que los padres de Camila se preocupasen, así que bajaron lentamente hasta el fondo del mar, donde seguía la fiesta, pero la pequeña sirena ya no podía pensar en otra cosa que no fuese los colores y olores de la naturaleza terrestre. A partir de aquel día se esforzó mucho en conseguir nadar lo mejor posible, para poder subir a la superficie a jugar con sus nuevas amigas las hadas, sin olvidarse nunca de que su abuela Alicia había hecho posible su sueño. Le había enseñado a bailar sobre el agua.FIN 




Espero que os haya gustado. Os recuerdo que si queréis que os haga un cuento pesonalizado y que se publique aquí, no tenéis mas que escribirme un email al correo: elpoderdelainocencia@gmail.com
Un beso.

04 enero, 2011

LOS NUEVOS VECINOS

Este cuento está hecho expresamente para Tatiana de Málaga y sus tres hijos. En él, además de reflejar la situación de esta estupenda familia, quise aprovechar esta oportunidad para intentar inculcar a los niños la igualdad entre razas y sexos. Espero haberlo conseguido en cierta medida. 
Gracias por estar ahí. 
Saludos.


Estando dos muchachos sentados en la puerta de su casa, vieron asombrados como un gran camión paraba frente a ellos y de él descendían cuatro hombres que no dejaban de meter cajas en la vieja casa deshabitada. Su curiosidad era tal, que decidieron preguntar a aquellos fuertes hombres que estaba ocurriendo.
- Señor  ¿Me podría decir qué son todas esas cajas?- preguntó escueto Marcos.
- Claro, pequeño, son las cosas de una familia que pronto vendrá a vivir aquí, y a lo mejor tiene niños como vosotros ¿qué edad tenéis?- les preguntó cariñosamente el fornido descargador.
- Tenemos siete años, señor- contestó Sergio mientras se acercaba a algunas de las cajas por si podía ver algo entre las ranuras.
- Bien chicos, dejadnos trabajar, y no andéis por aquí, ya que podríamos haceros daño sin querer, e incluso podríais hacernos caer y eso sería un gran problema.
Los chicos se fueron a su lado de la acera sin rechistar, cotilleando por lo bajo si tal vez vendrían niños nuevos al barrio, sobre de donde vendrían y cuantos juguetes tendrían, deseando que ya fuese el día en que los viesen entrar en la casa.
Marcos llegó a casa como un rayo, gritando que ya pronto vendrían vecinos nuevos, que había visto como descargaban cajas de un camión gigante, correteando entre las piernas de su madre mientras hablaba... En cambio, Sergio había llegado a casa tranquilo y pensativo, con un montón de dudas en su cabeza. Hasta aquel momento los únicos chicos del barrio eran ellos... ¿y si el que llegase fuese más fuerte? ¿O más listo? Su madre, y vista su cara de preocupación, le preguntó:
- ¿Qué te pasa hijo? ¿Te has peleado con Marcos?
- No mamá, es que hemos visto un camión cargado de cosas y los señores que las estaban bajando nos han dicho que son de una familia que se va a mudar a la casa de enfrente, la abandonada, ¿la recuerdas mamá?
- Si hijo, ¿y eso te preocupa?- le preguntó la madre extrañadísima.
- No se mamá, es que a lo mejor llegan niños nuevos, y entonces Marcos ya no quiera ser mi amigo...
- Eso es una tontería hijo, a lo mejor al final sois más amigos con los nuevos vecinos, y os divertís mucho más ¿no lo crees hijo? Cuantos más seáis mejor.
- Si, mamá - contestó Sergio sin demasiado convencimiento.
Los días siguientes se convirtieron en una interminable espera frente a aquella vieja casa abandonada, en vigilancia constante, nerviosos. El cuarto día de vigilancia tuvo sus frutos, llegó un todoterreno del que descendieron una bella mujer con piel de ébano y un señor muy distinguido con una piel como la nieve, pero los ojos de los niños estaban centrados en otras cosas, pues ya habían escuchado risas saliendo de la parte trasera y tan solo deseaban ver a sus ocupantes.
La puerta se abrió de repente y de ella descendieron dos niños de unos ocho u nueve años y tras ellos una pequeña niña de unos tres años, con unos lindos tirabuzones. La sorpresa de los niños fue mayúscula cuando comprobaron que los dos niños eran blancos y la pequeña era negra y corrieron a casa de Marcos, ya que los padres de Sergio se encontraban allí tomando un café, y según abrieron la puerta Marcos gritó:
- Mamá, los nuevos vecinos tiene una niña que no es suya... y tienen unos niños dobles... ¡¡¡tengo miedo mamá!!!
Los niños temblaban como hojas, sin apenas creer lo que habían visto. Entre las carcajadas de sus padres se escuchó el timbre de la puerta. Eran los vecinos que venían a presentarse. Marcos y Sergio se escondieron bajo la escalera, atentos a todo lo que sucedía en aquella sala. Una vez sentados los nuevos vecinos y sus hijos en el salón, la mamá de Marcos llamó a los niños, que acudieron atemorizados.
- Vamos a ver pequeños, todo tiene una explicación, ¿me escucháis?- Dijo la madre de Marcos con un tono lo más dulce posible, los niños asintieron sin decir una palabra.
- Bien, os presento a Damián y Daniel, tienen los dos ocho años y son gemelos, por eso son iguales, pero no son la misma persona, y esta es su hermanita Sandra, como podéis ver su piel es de otro color, pero eso es porque su madre tiene ese color de piel, pero si, son hermanos, porque como habéis visto, y aunque no habéis caído en la cuenta la madre es negra y el padre es blanco, y por lo tanto la mamá puede tener hijos negros o blancos.
- ¿Y tú, mamá?- preguntó Marcos curioso, ¿podrías tener un hermanito negro para mi?
- Yo no hijo, porque tanto yo como tu padre tenemos la piel blanca, y por lo tanto nuestros hijos serán siempre blancos.
Los dos pequeños suspiraron, ya que durante unos minutos estaban aterrados pensando que ha aquella niña la habían secuestrado aquellos niños. A los pocos minutos ya estaban todos juntos jugando, sin darse ni cuenta siquiera de los pequeños detalles les hacían diferentes, y por eso aun más ricos en su variedad. A partir de ese día los gemelos y los dos niños inseparables fueron amigos íntimos y su pequeño grupo se expandió.  FIN.


Espero que os haya gustado. Os recuerdo que si queréis que os haga un cuento personalizado y que se publique aquí, no tenéis mas que escribirme un email al correo: elpoderdelainocencia@gmail.com
Un beso.